Las imágenes que hoy nos llegan de Maurice Bishop vienen bañadas con ese halo de epopeya que tienen las revoluciones finiseculares. Mirada profunda la de Maurice, desde la Granada en blanco y negro de los años ochenta, en medio de la Guerra Fría.

La clave está en los ojos de Bishop, la mirada hacia un país con 90% de analfabetismo que en pocos años puso al 98% de la población a leer y escribir.

La mirada de un país con legislación antiobrera que de pronto entregaba a los trabajadores el derecho universal de sindicalizarse y participar activamente en la nación que con sus manos sostenían… los asalariados, sí, que por vez primera gozaban de un tercio de las utilidades, sus utilidades.

La mirada del país que desarrolla la flota pesquera y que enseña a su pueblo en academias inclusivas las artes de pesca.

La mirada del país que nacionaliza la telefonía y funda una comisión de reforma agraria, con el fin de que muriese el latifundio y una vez más, en otra isla del Caribe, intentar que la tierra tuviese en el documento de propiedad la firma de quien la trabaja.

Los ojos de Maurice, lo ojos, y el afán por desarrollar la atención primaria de salud y los casi niños enviados al norte, al norte del Caribe, para que regresasen médicos.

Pero una isla pequeña –y esto se le veía a Bishop en su mirada– no podía transformarse sin aliados; por si fuese poco, la transformación deseada generaba –y genera– per se, enemigos peligrosos. Aliarse con Cuba acerca más esos peligros y conversar con la URSS, en medio de la Guerra Fría del todo o nada, ya era una condena.

Para la BBC, el golpe de estado de 1983 que colocó a los ojos de Maurice frente al pelotón de fusilamiento nació de una facción radical de su propia organización.

Para la BBC, la invasión militar de Estados Unidos, ordenada por Reagan, fue causada por la reacción de los rebeldes, quienes a su vez –nos sigue contando BBC– mostraron su arrepentimiento con los años.

Pero corren los ochentas del blanco y negro y la Guerra Fría es demasiado gélida como para creerse cuentos bobos.
Se construía un aeropuerto, había cubanos y era Guerra Fría, contra, los rusos otra vez no, No más soviéticos en el americano Caribe ni gente que se le parezca, que al fin y al cabo son la misma escoria… o peor quizás.

Los ojos de Bishop cerrándose junto a los de 70 granadinos y a los de 25 constructores cubanos, la carne desgarrada de otros tantos –59 de aquí y 358 de allá, nos dice Telesur– que por azares no se encontraron la muerte por aquellos días de octubre.

Este 29 de de mayo se cumplen 77 años de que Maurice Bichop, aquel gigante primer ministro de la Revolución Granadina, el que pagó caro las fotos y abrazos con Fidel –Castro, para los ariscos–, abriese su mirada al mundo, una mirada profunda, sí, y sencilla… y silenciada.