Hace meses se me desmagnetizó la única tarjeta de banco que tenía. A dicha tarjeta iba a parar mi estipendio como estudiante y lo que me pagaban por alguna colaboración como periodista, todo ello en pesos cubanos.

Por lo tanto, tuve que asumir un día de cola en el banco para restablecerla y ya que me embarqué en esa aventura, decidí sacar todas las tarjetas posibles, incluida la de USD.

Esta última, totalmente vacía desde el momento de su creación, ha sido abastecida con mis mayores esfuerzos y algunos endeudamientos. Fueron necesarios meses de trabajo y de privaciones de ciertos artículos para suplir otras necesidades en medio de una pandemia en la que se ha hecho muy difícil conseguir los productos de primera necesidad.

Sinceramente, les llamaría la policía a todos los revendedores porque ese tema me indignaba mucho antes de que llegara la COVID. En mi barrio natal todo se revende; sin necesidad alguna las cosas de la tienda van a parar a los portales. Unos se llenan los bolsillos descaradamente y otros nos desangramos. Y en estos tiempos desangrarnos parece poco.

Por lo tanto, me ha sido muy difícil ponerle algo de dinero a la dichosa tarjetica. Mi hermano, desde el más allá, no puede por cuestiones del bloqueo. Si pone un peso en esa tarjeta de Banco Metropolitano, lo pierde. Entonces hacer la tarjeta AIS es una opción, pero otra bendita cola más, otra aventura.

El calor de esta ciudad también es culpable de mi problema. A mi nuevo cuarto le da el sol por todos los costados; aun en las noches las paredes siguen calientes y el ventilador escupe fuego. Solo mejora la cuestión cuando se pasa el día lloviendo y yo bendigo el día que amanece gris, aunque no se seque la ropa.

Comprar un split no es un lujo para mí, es una necesidad. Finalmente, con el dinero en la mano, voy a cambiar los CUC a USD y comienza la pasión. En el banco no hay dinero para la operación y me veo impulsada a llegar hasta el mercado negro, revolico, de boca en boca, a ver quién resuelve.

Si antes era una mala sorpresa encontrarse el cambio de 1 USD por 1,10 o 1,15 CUC, ahora sería buena. Una lista de precios anda rondando las redes y las variaciones son las mayores. Llamé a varios, pero ya no tenían para cambiar y algunos que se anunciaban a 1,20 decían tranquilamente que a 1,50; otro que a 2 por 1. Y a medida que pasaban los días se apagaba la ilusión de conseguir el electrodoméstico y también el aseo que pretendo comprar en esas tiendas.

Pero como en las películas, en el momento de mayor aflicción llega la luz al final del túnel. Una cuasiconocida hizo una transferencia desde su tarjeta hacia la mía en el cambio de 1,30. Se supone que le debo agradecer, por lo menos, el evitarme una cola, pero le zumba el mango. Ante esta situación no me conformo, pero sí intento lidiar con ella.

Con mi tarjetica en un lugar seguro hoy dormiré muy pocas horas porque le sigue una próxima aventura, comprar el dichoso aparato. Solo espero que cuando les cuente la odisea de esa cola, el cuarto se me vaya enfriando y no esté sudándome la frente como ahora.