La pesadilla de Manuel y Will

El matancero Manuel Osvaldo Torres comenzó con síntomas que lo llevaban a pensar en una gripe días antes del pasado 25 de abril. Aunque, reconoce que el temor no estaba oculto, pese a que él y su pareja William se cuidan mucho, sabía que siempre existía la posibilidad del contagio con la Covid-19.

«Todo fue muy rápido: perdí el gusto, el olfato, no tenía apetito y pasé dos días sin dormir. Will pidió a su jefa que le sacara vacaciones o le diera unos días. Nos aislamos en casa pero en cuanto él empezó a sentirse mal también decidimos ir al Policlínico Playa, en el área a la que pertenecemos. El domingo 25 recogimos algunas cosas, ya nuestras amistades estaban al tanto, nos dolía tener que dejar a los perritos pero nos pidieron que no nos preocupáramos por nada», narra, en su perfil de Facebook, Manuel.

Al llegar al Policlínico, Manuel se encontraba muy decaído y con falta de aire; Will se sentía mal, pero prácticamente no tenía síntomas. Se trasladaron, ante la señal de una doctora, a la parte trasera de la institucion porque era allí donde los casos respiratorios se atendían.

«Habían dos personas afuera esperando, y nos dijeron que llevaban rato allí porque el test rápido de un oficial que vino de La Habana había dado positivo». Al ver esto Manuel le preguntó al personal de la salud si no tenían un sistema de forma tal que los pacientes que daban positivo al test rápido fueran aislados y así pudieran seguir atendiendo a la población. Hay, incluso, dentro del área un pequeño parquecito con unos banquitos.

«El galeno me respondió que no, que había reportado el caso hacía horas al SIUM y no habían venido a buscarlo, que me recomendaba que “diera una vuelta” y después virara. Aquello me pareció muy triste e irresponsable. Pero decidí callarme y me acosté en la acera al costado del Policlínico, no podía con mi vida».

Diez minutos después, el propio médico apartó al paciente en espera de la ambulancia. Posteriormente, le realizaron a Manuel y a Will el test rápido, negativo y positivo, respectivamente. «Le hicieron a él el PCR y me dijeron que el mío no lo harían porque el test dio negativo. Le contesté que vivíamos juntos, que era mi pareja, pero por gusto. Se decidió llevarnos a un centro de sospechosos. Mientras esperábamos yo estaba más decaído y eso sí, ya cuando me vieron en esas condiciones me pusieron un suero de cloruro de sodio y dextrosa».

En unas horas ambos habían llegado a la Motelera Deportiva, detrás del 13 Plantas en Peñas Altas. Manuel comentó que debía agradecerle a la doctora que se encontraba allí, pues le salvó la vida. «Me preguntó que cómo había sido enviado hasta allí en esas condiciones. Rápidamente llamó una ambulancia y me fueron a buscar en menos de una hora. Tenía fiebre, me habían puesto una duralgina, y ya estaba teniendo dificultad para respirar».

Estando en el Cuerpo de Guardia del Faustino la atención fue rápida. Le tiraron una placa y vieron que tenía lesiones en los pulmones. Allí sí le realizaron el PCR.

«Fui trasladado a la Sala C de casos respiratorios. Solo diré que durante mi estancia allí lo único bueno fue la atención de las enfermeras y el carisma de mi compañera de cuarto. Esa noche fue la peor de todas. Comenzaron a tratarme con rosefín, pero en determinado momento me faltó mucho el aire por lo que me pusieron el oxígeno suplementario.

Me paré de momento llamando a la enfermera; quien me ayudó y me calmó. El doctor, aun cuando estaba allí, me atendió al otro día, a media mañana. Llegado el mediodía era el turno del antibiótico (rosefín en vena cada 12 horas), pero no aparecía. Le pregunté al médico y a las enfermeras y me respondieron que era un problema de la farmacia, que ellos eran quienes mandaban los medicamentos y como siempre había demora. No podía entender. El país está haciendo un esfuerzo extraordinario para que a pesar de las limitaciones y carencias que tenemos, los pacientes reciban su tratamiento. Yo me sentía mal, ya no tenía ánimos de reclamar nada, pero mi primo hermano sí lo hizo, empezó a llamar, hasta que apareció mi antibiótico».

Pocos días después Manuel dio negativo al PCR y pudo irse a casa. Sin embargo, Will seguía en el centro de sospechosos.

Otro PCR…

«En espera del resultado del PCR realizado en el Policlínico empeoran sus síntomas (fiebre, falta de aire y decaimiento), y lo remiten al Faustino el 27, día en el que llega el resultado positivo. Aquí nos tocó enfrentarnos a una situación que no esperábamos encontrar. Cuando un paciente da positivo a la Covid, si está asintomático es enviado a un centro de aislamiento, si tiene síntomas como los anteriormente mencionados es remitido al Hospital Militar o a los Camilitos (Hospital de Campaña)», señala Manuel.

Tras un examen físico a William, una doctora informó que el paciente no tenía síntomas; no obstante, Will le había comentado que tenía falta de aire, que se sentía mal. Pero, aun así, fue declarado como asintomático. «William me llama desesperado y empiezo a llamar a todas partes, al Puesto de Mando de la Covid en Matanzas (45-292179), un doctor me atiende muy amablemente y me dice que llamará a la sala. Luego llamo de nuevo y responde que está contra la pared, que no sabe a quien creerle, que llamara al Jefe del Puesto de Mando en cuanto amaneciera».

Pasadas las dos de la madrugada llegaron a buscar a Will. Su destino era el Centro de Aislamiento en la Escuela de Arte. «Su cama (2), estaba al lado de la puerta. Cuando la persona del SIUM vio que tenía un trócar (él tenía los ojos cerrados pero estaba despierto), dijo a la doctora que así no se lo podía llevar. Ella afirmó que sí, que se lo podían quitar (a solo 1 día de empezado tratamiento con antibióticos), pero los del SIUM se negaron. Después de aquello me encontré hasta hablando finalmente con el Jefe del Puesto de Mando, quien irónicamente y en tono de burla me preguntó si yo era médico y me colgó el teléfono. Sin embargo, alguien entró en razón y Will fue enviado al Hospital Miltar, a las 4 de la tarde ese día. Ya había tenido fiebre y los síntomas continuaban».
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«Desde que pisó el Hospital Militar la atención, el ambiente, el profesionalismo del personal de salud, era otro. El director incluso se preocupaba diariamente por el estado de cada uno de sus pacientes y hacía pases de visita. Le hacían pruebas constantemente».

El día 1ro de mayo Will comienza a empeorar, «hay aparición de hipoxemia (bajo nivel de oxígeno en la sangre), por lo que se realiza control radiológico apreciándose lesiones en los pulmones. En pocas horas se le ponen las manos y las uñas negras. Es llevado a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde los médicos y enfermeras lucharon para sacarlo del estado en el que estaba. Fue tratado, entre otras cosas, con antibióticos de cuarta generación. Fue muy duro para él, muy triste y desesperante, no teníamos vida».

Cuando finalmente salió de esta terrible situación, Will le envió un mensaje a su pareja quien había sido su fortaleza en estos tiempos tan duros: «Negro: Ya estoy fuera gracias a Dios. He pasado unos días terribles mirando tanta muerte a mi alrededor sin saber si yo iba a ser el próximo. Pero bueno lo logré superar y aquí estoy porque mucho se lo pedí a mi madre, le suplicaba que quería vivir y me escuchó. Pronto espero que esto sea solo una pesadilla en mi cabeza y lograr salir de este hospital un beso grande. Te amo»

Manuel posteaba en su muro que no tenía palabras para agradecer al equipo maravilloso del Hospital Militar de Matanzas por todo lo que hacen a diario, «porque luchan por la vida, porque como muchos en Cuba y el resto del mundo se arriesgan cada día, esos son los héroes por los que aplaudimos, nuestros científicos, voluntarios en centros de aislamiento, opuesto a otros que a pesar de lo que hoy hace Cuba por la salud, deciden tomar un camino diferente».

«Esta pandemia nos ha quitado mucho, muchas vidas, hay mucha tristeza en familias que han perdido seres queridos, hay médicos y enfermerxs que ya no están. Pero que nunca, nunca, falte la sensibilidad, la solidaridad, la empatía y el amor verdadero en una de las profesiones más importantes y hermosas del mundo».

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