Las luchas de Adrian

_ ¿Quién es él? -pregunté
_ Adrian, el del Pre -me contestó una antigua compañera
_ ¡No puede ser!
Sí, me sorprendió ver la foto. Recordé al chico delgado y simpático que protestaba por los reportes y deambulaba por los pasillos del Pre con la boina en la mano. Ante mis ojos estaba un Adrian más delicado y femenino y, sobre todo, sin tabúes. Creo que algunos tenían sospechas. Él nunca reveló nada.

Volví a mirar la foto y me percato que nunca antes le había visto una sonrisa tan sincera.
Supongo que, ahora, Adrian comenzaba a ser él.


De pequeño tuvo algún que otro rechazo. Los niños, además de no mentir, son muy crueles. Ni ellos ni sus padres entendían los gestos de Adrian.

Tenía ocho años cuando supo de su orientación sexual, aunque para evitar agravios decidió silenciar quien era.
La secundaria no fue mejor. Sentía, en carne propia, la inmadurez y las miradas inadecuadas de los escolares. Solo los que se han ocultado conocen el dolor de vivir bajo las sombras. En el último año de este nivel de enseñanza hizo las pruebas para entrar en el que sería su futuro centro escolar, el Instituto Preuniversitario Vocacional del MININT “Hermanos Martínez Tamayo”.

Durante esos tres años siguió escondiendo su verdadero yo y, sinceramente, ser militar y homosexual no está bien visto. Al parecer se requiere sentir atracción física hacia el sexo opuesto para vestir de verde o cargar un fusil.
Aguantó una que otra risa e hizo sordos a sus oídos ante frases hirientes. Actuaba para lograr la anhelada “aprobación”. No pocos años pasaron para entender que el primer compromiso de cada ser humano es consigo mismo. De nada sirve ser “aceptado” si “reconocen” a un Adrian que no existe.

Su padre, fantasma en su vida, siempre le preguntó cuándo vendría esa novia. Adrian nunca llegó a tener una. De los besos nunca pasó; no podía engañarse más a sí mismo.

Fueron diez los años en los que ocultó su orientación sexual y todo por los convencionalismos, la ignorancia de las personas y el miedo de ser uno mismo.

Cuando cursaba primer año de Ingeniería Civil su amiga Annia le preguntó si era gay. Él, con total confianza, no lo dudó dos veces y se lo confesó. Después de contárselo a ella dejó de ocultarse. Luego de un tiempo el que no le preguntaba, sacaba sus propias conclusiones.

Su mamá tomó mal la noticia. Desaprobaba al auténtico Adrian, pero no se le puede juzgar. Vive en una sociedad que impugna lo diferente. Una sociedad decadente, prejuiciosa y estandarizada que da la espalda a quienes más apoyo y comprensión necesitan.

Rechazar a su hijo no significó dejar de amarlo, al fin y al cabo, una madre nunca abandona, al menos esta madre no lo hizo. Su padre, en cambio, fue quien preguntó y cuando Adrian dijo la verdad sintió que su espalda se libraba del peso cargado durante un lustro.

Por minutos decaían sus estudios universitarios. Tuvo que sentarse frente a la antes vicedecana de su facultad para entender que estaba a punto de perder el año. Aprobar se convirtió en un reto y, con esfuerzo, lo hizo. Sin embargo, en el curso siguiente dejó la carrera y comenzó a estudiar en la Facultad de Ciencias Médicas “Salvador Allende”.

Su vida fue mejorando poco a poco. Incluso llegó a conocer a alguien por medio de una red social. Después de un tiempo decidieron dejar el chat y verse cara a cara. Adrian se enamoró de un licenciado en Matemáticas. Meditó mucho antes de dar el gran paso. Actualmente lleva ocho meses de relación con su primera pareja.

En ocasiones se dan la mano al pasear, a ratos un abrazo o un beso en la mejilla. Ambos opinan que no tienen porqué pregonar su amor a los cuatro vientos. Ellos saben que se aman.

La familia de su pareja es homofóbica. La madre de Adrian ha producido algunos disturbios. El futuro doctor y el matemático no dejan que los problemas menoscaben su relación.

Está volcado por completo en su carrera: participa en las tareas asignadas por la Federación Estudiantil Universitaria, le encanta dejar volar su imaginación y hacer los diplomas que se les entregarán a sus compañeros, resuelve cuanta sugerencia y queja manifiesten los alumnos y ayuda a sus profesores.


El joven, amante del chocolate y el aroma de vainilla, a veces camina por la calle y escucha algunas frases inapropiadas y totalmente vulgares. En una ocasión, cuando venía de la playa, tuvo un incidente y un policía se dirigió hacia él tratándolo como una mujer. El muchacho ofendido preguntó por qué lo hacía. La respuesta del oficial fue: «¡Ah no! ¿Entonces tú qué eres?».

Regresó llorando a su casa y se cuestionó si realmente valía la pena ser médico y salvar vidas a personas que, posiblemente, en otro contexto llegasen a ignorarlo o discriminarlo. Por suerte, esos pensamientos no gobernaron su mente por mucho tiempo. Llegó a comprender que la batalla por la aceptación, la igualdad y el respeto no es algo que se gana de un momento a otro. Hay un largo camino por recorrer.


Su meta más próxima es graduarse de Medicina y especializarse como Médico General Integral. Pero también tiene otros planes en mente. Sus deseos sobrepasan las herramientas que posee para ayudar desde esta compleja ciencia. Adrian lucha, desde hace varios años, por la igualdad, la aceptación y el respeto de los seres humanos.

Intenta sacar el tema en cada oportunidad que tiene. En estos momentos su escenario es la Facultad de Ciencias Médicas. Adrian aboga para erradicar la discriminación no solamente de género sino también de raza, nacionalidad y status social.

También está en contra del maltrato animal. Tiene un cachorro de perro y hace poco adoptó un pequeño gatico. Sus mascotas son su fuente de apoyo emocional. Los abraza en las tristezas y en las alegrías, les cuenta su día y llora frentes a ellos. Son su familia.

Adrian se define como espontáneo. Yo no estoy de acuerdo; bueno, tal vez, a medias. Puede que lo sea, pero para mí es un luchador.

Si vives en Cuba y uno de estos días de aislamiento toca tu puerta este soñador estudiante de medicina, invítalo a pasar, puede que te enteres más sobre las luchas de Adrian.

Un comentario en «Las luchas de Adrian»

  1. Pues la verdad es impresionante tu fortaleza… Me consta que cada cosa que haces utilizas el ❤️ y es admirable tu valentía

Deja un comentario