Para nadie es un secreto que en las redes sociales no predomina un criterio selectivo que elimine gradual o radicalmente la tara de las supersticiones en el pensamiento de los usuarios. En cambio, vemos la equiparación de perspectivas desprovistas de validez. Muestra de ello es la existencia de una comunidad de internautas que niegan verdades demostradas por la ciencia. Se leen nuevas ideas sobre la forma de la tierra o la necesidad del uso de vacunas.

En las redes sociales, el triunfo de la razón no es el triunfo de los que razonan. Jaron Lanier explica que no es tanto el contenido de una idea, sino la forma en que se manifiesta lo que determina su viralización. La simplicidad y violencia en el uso del lenguaje, por ejemplo, aumentan, de manera considerable, su impacto en el ciberespacio. Para cada usuario el post será tanto más verdadero cuanto más celebrado y compartido. Entonces tendremos un terreno que cumple con las condiciones óptimas para el florecimiento de mentiras, bulos, disparates o linchamientos.

La influencia de las redes sociales puede constituir una amenaza o incentivo de ideas irracionales en el imaginario colectivo.

Pero, aunque lo parezca, no estamos en el siglo XVII. En la actualidad las reglas del juego son distintas a las de los tiempos de Galileo Galilei, como nos demuestra Bertolt Brecht en la obra homónima. En aquellos años la superación del pensamiento ptolomeico no solo atentaba contra un prejuicio medieval asentado en el imaginario colectivo, también representaba el cuestionamiento a todo un sistema de ideas que legitimaban la dominación feudal. “¡Esos que ordenan a la Tierra quedarse quieta para que no se les vengan abajo los castillos!”, dice uno de los personajes a propósito de los Marsili.

De iguales y manipulados

Hoy, los terraplanistas o los que defienden tonterías conspirativas como las de PizzaGate, lo hacen por la propia naturaleza del algoritmo. Jaron Lanier en Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato afirma: “Se divide a las personas en grupos paranoicos de iguales porque así es más fácil y predecible manipularlas. Esa agrupación es automática, estéril y, como siempre, extrañamente inocente. No hubo nadie en una empresa tecnológica que decidiese promover la retórica antivacunas como táctica; podría haber sido igualmente una retórica antihámsteres. La única razón por la que INCORDIO la refuerza es que resulta que, por lo general, la paranoia es una manera eficiente de concentrar la atención”.

Por supuesto que incentivar el miedo, la desinformación y la paranoia es conveniente para el poder o, por lo menos, rentable para las grandes compañías. Lo que sí no podemos asegurar es que el contenido de las ideas absurdas que circulan en las redes esté relacionado de manera directa con la dominación.

Sin embargo, en algunos casos, la recepción de los argumentos más disparatados por parte de las plataformas provoca un nivel considerable de desinhibición en el discurso político. Por tanto, muestra las líneas del pensamiento reaccionario en toda su grotesca desnudez.

VOX y las cadenas de la liberación

Imagino que así les haya sucedido a los usuarios que hace unos días visualizaron la publicación de VOX sobre el aniversario de la “liberación” de Tenochtitlán por parte de las tropas de Hernán Cortés. “España logró liberar a millones de personas del régimen sanguinario y de terror de los aztecas”, sentenció el partido político español. Estamos hablando del renacer de posturas que reducen la cuestión de la conquista a un simple y descabellado criterio moral.

Algo que no tiene nada de inocente: defender tal argumento es defender el derecho de las naciones más desarrolladas a intervenir en naciones subdesarrolladas, mientras abriguen el “noble propósito” de “liberarlas” de lo que consideran un régimen sanguinario. Pero cuando se antepone un criterio moral a uno respaldado por la evidencia científica, muchas veces se está intentando encubrir otro tipo de intereses. Así ha pasado siempre y, hasta la fecha, las cosas no parecen haber cambiado.

En las manos del bucle

Con solo remitirnos a José Carlos Mariátegui podríamos refutar la afirmación de VOX. En 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, El Amauta escribe: “Contra todos los reproches que —en el nombre de conceptos liberales, esto es modernos, de libertad y justicia— se puedan hacer al régimen inkaico, está el hecho histórico —positivo, material— de que aseguraba la subsistencia y el crecimiento de una población que, cuando arribaron al Perú los conquistadores, ascendía a diez millones y que, en tres siglos de dominio español, descendió a un millón. Este hecho condena al coloniaje y no desde los puntos de vista abstractos o teóricos o morales —o como quiera calificárseles— de la justicia, sino desde los puntos de vista prácticos, concretos y materiales de la utilidad”.

No obstante, cabría preguntarnos si tendría sentido alguno llevar esta discusión a las redes sociales. Pensar que sí es desconocer que estas han devenido campo de batalla. Uno donde siempre se pierde, donde nunca se avanza, donde no hay consenso posible, donde se impone un discurso beligerante que no conduce a nada. Solo la destrucción por la destrucción.

Jaron Lanier asegura que el problema no radica en la existencia de las redes, sino en el modelo de negocio que las sustenta. Un modelo de negocio, por cierto, que no amenaza con desaparecer. Así que probablemente VOX y sus seguidores continúen divulgando el mismo disparate una y otra vez hasta que se cansen o hasta que más personas terminen por creerlo. Algo que, a estas alturas del campeonato, no lograría sorprenderme en lo absoluto.