“El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento”

Fidel Castro en la celebración del XX Aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba, el 15 de enero de 1960

Corría el año 1992 y algunos tildaban de locura su nueva idea. Parecía incierto lo que profetizaba. Eran años difíciles, muy difíciles. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el campo Socialista se desmoronaban. Aparecieron urgencias de carácter económico y social. Nos quedamos prácticamente solos.

Sin embargo, Fidel creó el Polo Científico del oeste de la capital, dedicado a la biotecnología e industria farmacéutica, bajo su directa conducción. Algunos lo creían loco, pero él no podía ser más certero.

Lo cierto es que esto solo fue uno de los peldaños más altos de la escalera que nos llevó a tener un desarrollo científico-técnico comparable con los del primer mundo. Podríamos decir que su antecedente más inmediato fue en 1981, con la creación del Frente Biológico.

Desde entonces comenzaron a acumularse resultados positivos: Cuba se adentró en la producción de interferones, situando a nuestro país en los primeros del mundo con esta producción; en 1986 se logró la vacuna contra la Meningitis Meningocóccica, única efectiva en el mundo en ese momento; la obtención de la vacuna contra la hepatitis B, del Policosanol (PPG) y de la Estreptoquinasa recombinante; la producción de una variada nomenclatura de anticuerpos monoclonales, de preparados radiactivos para el diagnóstico médico y la investigación; el desarrollo de los sistemas ultramicroanalíticos (SUMA), la creación del Heberprot P, tratamiento para el pie diabético; entre otras muchas acciones.     

“La ciencia, y las producciones de la ciencia deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional. Pero partiendo de los escasos recursos, sobre todo de los recursos energéticos que tenemos en nuestro país, tene-mos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro”

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Dar mayor alcance al desarrollo de la ciencia y las tecnologías avanzadas; enfocar los esfuerzos hacia la investigación y obtención de nuevos medicamentos, productos industriales y vacunas; confluir la calidad de los productos, la integración de las instituciones, la selección política y técnica del personal de trabajo, marcar nuevas pautas en la salud y los productos alimentarios, la exportación para recaudar recursos financieros que permitieran suplir los gastos de este sector; son solo algunas de la metas que se propuso el Comandante al idealizar que Cuba alcanzaría tal magnitud en el desarrollo científico técnico, comparable al primer mundo.

Pues no se equivocó. Ahora somos reconocidos a nivel internacional por nuestros logros, sus logros, con resultados registrados por sectores académicos y científicos de relevancia, y por las revistas especializadas más importantes del mundo; pero sobre todo con el impacto en la salud del pueblo y la economía nacional.       

Soberana 1 y 2, Abdala y Mambisa… ¿frutos del ahora?

El año 2020, bisiesto. Algunos creen que las desgracias, los millones de muertos, los sistemas de salud colapsados, son consecuencia de la particularidad de este año; pues no, es un virus que tiene nombre y apellidos: el Sars-Cov-2.

Cuba presenta un control de la COVID-19. ¿Nuestro sistema de salud? Dando los mejores frutos. Y como si fuera poco, mostramos al mundo la creación de cuatro candidatos vacunales para inmunizar de la COVID-19.

Algunos extranjeros no pueden (quieren) creerlo – ¿esa islita tan pequeña, con una “dictadura” y crearon cuatro vacunas?, es imposible- pues no, es totalmente posible y más que eso, un logro de Fidel.

Como si viajara al futuro, regresa y nos lo cuenta, en palabras de Abdelaziz Buteflika, expresidente de Argelia para describir la asombrosa luz futurista de Fidel. Una vez más se cumplió su predicción y gracias a él, a esas arriesgadas ideas que muchos tildaron de locas, hoy Cuba se posiciona en el ranking internacional de los avances biotecnológicos y, quien sabe, tengamos la inmunidad ante el temeroso virus.    

Recuerda que, en los primeros años de la nueva etapa de la ciencia, se acercó a un grupo de científicos que apenas habían acabado de obtener 30 gramos de anticuerpos monoclonales y les preguntó: ¿y ustedes no van a competir con ellos? Permítame decirle Comandante: ¡ya hemos ganado!