Lucas tiene nueve meses

Él salió de Cuba y no llegaba a los 20 años; quería irse y probar suerte en otro lugar. Primero viajó a Australia con su padre, pero las relaciones no fueron buenas; tal vez hoy son mejores.

En su vuelo de regreso a Cuba se bajó del avión en la escala en Canadá, salió del aeropuerto, tomó un taxi hasta las Cataratas y cruzó la frontera casi congelado. No comió en varios días; también pasaron otras cosas que nunca quiere contar. Mi hermano está a punto de cumplir sus 26 años en Estados Unidos.


Nosotros nacimos en una casita de tablas agujereadas por el comején y unas lonas cogidas con tachuelas en la madera del techo para que ese bicho no nos picara por la noche.

Mi madre siempre dice que yo tengo aires de grandeza, que no acepto de dónde vengo y me recuerda que no quería a los amiguitos de la escuela en la casa, y no son aires de grandeza nada, es que me daba muchísima pena.

Con el tiempo logramos salir de ahí, fue necesario. La casita era pequeña, vieja y en un barrio malo. Luego de eso comenzamos a rodar de alquiler en alquiler, de precio en precio y de problemas en problemas con la promesa de la construcción de una casa que, luego de varios ciclones, un tornado y esta cuarentena, se podrá vivir felizmente.


A lo sumo Lucas tenía dos meses cuando debió abandonar el hogar para ir al babysitter porque sus padres tenían que pagar las cuentas. El babysitte o cuido, como yo le digo, es un sitio caro, pero su madre buscó el lugar más confiable porque necesita trabajar tranquila.

De cualquier forma no lo hace, observa a Lucas por una cámara desde la clínica y cuando algo no le gusta va y encara a las “maestras”, es que Lisset es cubana y se le sale por los poros cuando se trata de su hijo.

El otro día me comentó que estaba un poco asustada y creía tener algunos síntomas del nuevo coronavirus. Al final solo era cansancio y estrés. Por estos tiempos se queda al frente del hospital de mascotas porque, aunque los animales no contraigan la Covid-19, también se enferman.

Para que Lisset pueda trabajar, el padre de Lucas debe estar de regreso en casa de su viaje con la rastra o tenerlo una amiga, porque los cuidos están cerrados por esto de la pandemia.


En Miami-Dade, un parte del 22 de abril, anunciaba el aumento de casos contagiados por la Covid-19 hasta llegar a 27 869 personas. No fue hasta el día primero de este mes que el senador de la Florida, el republicano Ron DeSantis, dictó la cuarentena obligatoria para todo el Estado luego de resistirse durante semanas y tras ceder ante la presión de los demócratas.

El 25 de marzo el Senado estadounidense aprobó el mayor estímulo económico e su historia: 2 billones de dólares para los estadounidenses cuyos ingresos hubieran sido afectados por la pandemia.

Hay quienes piensan que serán afortunados y estos bonos les llegarán caritativamente. Incluso, he visto varios memes que ridiculizan los intentos de ayuda de otros países ante los suculentos bonos de Trump.

Lo que muchos no tienen claro es que esos bonos se dirigen a ciudadanos estadounidenses que declararon ingresos cercanos a los 75 mil dólares en el 2018 y para parejas que llegaron hasta los 150 mil. Si pasaron de esa cifra, no reciben la ayuda y si no cuentan con un Seguro Social en toda regla y los pagos de los impuestos saldados, tampoco.

Reuters alerta de los contagios por la Covid-19 en inmigrantes deportados por Estados Unidos a países como México, Haití y Guatemala. La firma de un decreto presidencial que prohíbe la inmigración al vecino del norte es una realidad; en principio durará 60 días, pero no se sabe realmente el tiempo de su duración, porque se desconoce cuándo terminará el avance de la pandemia. El mandatario de la Casa Blanca dijo que con esta medida se preservarán los recursos médicos vitales para los estadounidenses ¡Claro que sí, mucha menos gente!

Hace algunos días circuló el video de Reinaldo Echeverría, un cubano que denunció en las redes sociales al Hospital Regional Kendall en la Florida pues allí se negaron a realizarle la prueba de la Covid-19 a su esposa embarazada con síntomas del virus.

En el video se muestra claramente cómo las autoridades lo reprimen y expulsan del lugar. Es ahí cuando pienso más que nunca en esa otra parte de mi familia, en la renta que deben pagar, en el bono que nunca tendrán y necesitan, en una atención médica que tal vez un día les urja y les sea negada.


Sobre las 11:20 de la mañana del 22 de abril en Cuba se confirmaban 52 nuevos casos de la Covid-19, para un total de 1 189 contagiados en el territorio; de esos nuevos infectados 44 son de La Habana.

Yo tampoco recibiré bonos, pero sí unos productos normados que espero lleguen pronto. Trabajaré desde casa como en los últimos tiempos y cobraré un salario a fin de mes, pagaré la última renta de este alquiler, compraré un poco de comida y si alcanza dinero para el Internet, los llamaré.


Muchas veces mis mensajes en WhatsApp se han quedado en visto o me responde con un audio: “Mima, ahora no puedo, estoy trabajando”, “Mima él no se quiere dormir, mañana te hablo que me tengo que levantar a las tres y estoy fundío”, “No salgas a la calle que la cosa está mala, los quiero”.

Hace mucho tiempo que no veo a mi hermano, tampoco conozco a Lucas y ya hoy hace 9 meses que soy una cibertía. No sé cuándo los abrazaré, en estos días nadie tiene certeza de nada. Me conformo con saber que están bien.

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