Luis Alberto es aquel chamaco del barrio que por las tardes, cuando toda la pandilla ponía dos seborucos de piedra en el medio de la calle y formaba los torneos de fútbol más entretenidos de la historia, iba con su mochilita y un pomo de agua congelado caminando despacio para el colchón.

Miraba de reojo al piquete, algunas veces deseoso de quedarse, de pegarle también a la pelota descosida o de coger un trozo de palo para jugar «al taco». Pero tan niño, ya tenía el deber de entrenar. Y pocas veces fallaba.

Allí sorteaba todo lo que sortea un joven deportista en este país preñado de buenos luchadores. El calor, las santanillas, la tensión de cuidar los zapatos, de proteger al socio que no sabe defenderse, de aprender las técnicas. Todas las tardes lo mismo. Amaba aquello.

Luis Orta de Cuba campeón olímpico al derrotar a Kenichiro Fumita de Japón en la categoría de los 60 kg de la lucha grecorromana en el complejo Makuhari Messe Hall A durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, en la capital nipona, el 2 de agosto de 2021. Foto: Roberto Morejón, periódico Jit, Inder.

Luis Alberto, que tiene cara, reitero, de ser aquel chamaco del barrio noble que sabía fajarse, que no se dejaba «meter el pie», en Tokio, a miles de kilómetros de la lona donde empezó, del aserrín y de la familia, tampoco se dejó doblegar ni por el estadounidense, ni por el ruso, ni por ese japonés que quiso arrebatarle la gloria.

Si nadie le pudo quitar hace años las ganas de ir a entrenar, a pulir con esfuerzos su talento, cómo le va a quitar ahora un japonés la ilusión de un oro olímpico, de llevarle la medalla a su madre y decirle que sí, que valió la pena todo.

Quien lo intentó, terminó con la espalda pegada al suelo del Pabellón A del Makihari Center, con la mandíbula desgajada del impacto, víctima de una proyección. Luis Alberto es un chamaco noble, pero tan, tan buen luchador, que fue una insensatez lanzársele encima, Víctor Ciobanu. ¿En qué rayos estabas pensando?

Luis Orta de Cuba campeón olímpico al derrotar a Kenichiro Fumita de Japón en la categoría de los 60 kg de la lucha grecorromana en el complejo Makuhari Messe Hall A durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, en la capital nipona, el 2 de agosto de 2021. Foto: Roberto Morejón, periódico Jit, Inder.

Ahora, ya Luis Alberto no es Luis Alberto, el chamaco del barrio. Cuba entera le llama Orta, tanto la media que no lo conocía como la media que jamás imaginó verle campeón. Y tendrán que decirle usted en los colchones del mundo. Mirarán de soslayo su nombre y rezarán a los dioses para que no le pongan enfrente. Sabios quienes le teman.

Esa misma Cuba entera sintió un estrujo al verle llorar de alegría: lágrimas de él y mías, tuyas, de cada niño de barrio que va hoy también a los colchones y jamás, nunca jamás había visto tan cerca la posibilidad de ponerse una corona en la frente.

Decían en Japón que Kenichiro Fumita era una de sus grandes esperanzas de oro en los Juegos Olímpicos, en un deporte que califican como «la valentía del más fuerte». Pero el más fuerte, que lo sepan en cada esquina de la fatua Tokio, siempre ha sido Luis Alberto Orta. Y el más noble.