Con guión de la escritora artemiseña Olga Montes y dirigido por Mariela López, a quien debemos otros espacios exitosos como La Sombrilla Amarilla y la teleserie juvenil Mucho Ruido, Luna Mía pone sobre el tapete temas no agotados en nuestros medios como el bullying escolar y las preferencias sexuales en el tránsito de la adolescencia hacia la juventud.

Luna, interpretada por la joven actriz Lorena Gispert, es una muchacha amistosa y aficionada a la fotografía, pasatiempo al que dedica la mayor parte de su tiempo mientras descuida los estudios.

Mía, encarnada por Thalía Valdespino, es su contraparte. Vive sola con su abuela (Coralita Veloz), que se encuentra postrada en un sillón de ruedas, a la que debe cuidar mientras su madre (Tahimí Alvariño) trabaja largas horas como custodio del Cuerpo de Vigilancia y Protección. A pesar de sus responsabilidades hogareñas, es una excelente estudiante, pero carga con una “cruz” que no le permite ser feliz ni sentirse cómoda entre sus compañeros de clases: a ella le gustan las mujeres.

Si bien Mía prefiere la automarginación como vía de escape ante el acoso escolar que casi la llevó al suicidio, la hizo mudarse del sitio donde vivía y perder un año escolar en su anterior centro de estudios, el nuevo panorama al que se enfrenta no resulta el más favorable. La tildan de rara y en tonos burlescos dos de los grandes amigos de Luna, Jorgito (Víctor Alfredo Cruz) e Irina (Annabel Novo), no cesan de anunciar que Mía es lesbiana.

Luna Mía alerta, a través de los personajes de los padres de Luna (Daysi Quintana y Patricio Wood), sobre las parejas homosexuales que, generalmente, están expuestas a comportamientos obsoletos de algunas familias en las que falla o falta la comunicación acerca de las inclinaciones sexuales de sus hijos. La obra no busca hablarnos de tolerancia, sino de inclusión.

Luna y Mía se quieren y luchan por ello. Hacen oídos sordos a comentarios desagradables de sus compañeros, aunque la sensación de bochorno en varias ocasiones consigue surtir efecto en ellas. Su amor, al inicio espinoso como el cactus que las une, florece.