Un pueblo sin historia es un pueblo sin alma. Olvidar no es un mérito de los que dejan pasar y avanzan, mucho menos cuando se trata del destino de un país. El 26 de julio es una fecha histórica para los cubanos, Día de la Rebeldía Nacional, que marcó un hito en la Isla, una fecha luctuosa pero necesaria. Sesenta y ocho años después no pierde vigencia, sino que llama a volver la mirada. Es necesario revisitar la memoria colectiva haciendo nuestras las palabras que en 1953 fueron la bandera del Moncada:

Cuba abraza a los que saben amar y fundar, y desprecia a los que odian y deshacen. Fundaremos la República nueva, con todos y para el bien de todos, en el amor y la fraternidad de todos los cubanos.

La Generación del Centenario hizo suyas las palabras de los padres fundadores de la nación, en el amor y fraternidad de todos los cubanos.

En momentos como el que vive la nación vale leer la historia. No la de los libros con sus parcializaciones, sino los documentos históricos. Necesitamos capacidad de análisis. Sin olvidar del todo la pasión, pero apelando a la razón, debemos darnos cuenta que nuestra historia es un bucle, una sucesión de hechos más menos paralelos en diferente contexto.

Fue el Programa del Moncada, manifiesto político de la Revolución, el pilar de los propósitos de la juventud del centenario. Estos muchachos tomaron el único camino posible, habiendo agotado los recursos legales y el diálogo. Una vez más, el hijo ilustre, el de más refinada cuna puso el pecho a las balas y tomó el camino de la manigua.

Mi Moncada es hoy

Sí, el Moncada de muchos cubanos es hoy, mañana y cada día. Para los jóvenes del centenario, la Revolución no entrañaba odio ni sangre inútil. Tampoco debe entrañarla ahora como vínculo entre nuevos hombres y procedimientos. El amor a la verdad, el valor y, ante todo, el respeto no pueden ser un mero pasado. Deben arrancarse las ataduras y los mitos que impiden el avance. Ya no es tiempo de consignas obsoletas, es momento de repensar el proceso y tomar las riendas con cordura.

No es tiempo de revivir antiguos odios y dar saltos gritando viejas consignas, Revolución como concepto lleva intrínseca la evolución.

El manifiesto de aquel 26 de Julio fue tajante: “La Revolución es la decisiva lucha de un pueblo contra los que la han engañado”. El movimiento naciente declaró el respeto a la integridad de los ciudadanos libres, saludando en la hora decisiva a todos los cubanos de vergüenza, dondequiera que estén. Con el propósito de situar a Cuba en el plano de bienestar y prosperidad económica, que aseguraba su rico subsuelo, situación geográfica, agricultura diversificada e industrialización, se han implantado políticas que en su momento dieron al traste con el problema. Pero el problema ahora es otro y nadie va a venir a deshacer nuestros entuertos. Esperar por un amigo salvador no es opción, los muros caen y no nos sirve vivir apuntalados.

Loables son los muchos intentos por renovar el medio económico nacional. No es labor de un día, constituye un proceso evolutivo que necesita ser estudiado, observado y no depender de ideas festinadas. Nuestro contexto no es el de otros, bloqueos y orgullo aparte, es el nuestro, a veces dulce, a veces agrio. La empresa estatal ha regresado a la palestra como la base de nuestra economía y, reordenamiento de por medio, queda mucho que decir en cuanto a la distribución equitativa del dinero. Recordemos a Raúl Gómez García, cuando dijo que era esta una decisión única e indivisible en el corazón de los hombres defensores de la Revolución. ¿Recordarán?, o mejor, ¿conocerán esto los que la defienden hoy?

“La fe de los pueblos no se despierta con promesas, con teorías, ni con retórica: la fe de los pueblos se despierta con hechos, con realidades, con soluciones verdaderas”. Fidel Castro en la Sexta Sesión Plenaria de la Reunión de los 21, en Buenos Aires, Argentina, en 1959.

Terminemos con las palabras que movieron a un pueblo, pues no todo lo que estalla es por combustión espontánea Muchas son las causas y la confusión no resulta precisamente una de ellas.

La Revolución declara su respeto por los obreros y los estudiantes como masas acreditadas en la defensa de los derechos inalienables y legítimos del pueblo cubano a través de toda la historia, y les augura a ellos y a todo el pueblo, la plasmación de una total y definitiva justicia social basada en el adelanto económico e industrial bajo un plan sincronizado y perfecto, fruto de razonado y meticuloso estudio.

Aún tenemos amor y confianza en la virtud, en el honor y el decoro del hombre que vale por la fuerza de su espíritu para la tarea de la reconstrucción cubana. Esos que aún existen y están en cualquier parte.