Por Alejandra García

Mi táctica es/ quedarme en tu recuerdo/ no sé cómo ni sé/ con qué pretexto/ pero quedarme en vos/ Mi táctica es/ ser franco/ y saber que sos franca/ y que nos vendamos/ simulacros/ para que entre los dos/ no haya telón/ ni abismos… (Fragmentos de Táctica y Estrategia, 1974)

¿Cómo no emocionarse con este poema-canción, esta oda al acto de un amor de dos de Benedetti? Y es que este lunes sobran los motivos para venerar su nombre, para que América celebre sus letras inmensas; hoy es el centenario del poeta extraordinario.

Paso de los Toros (Tacuarembó, Uruguay) fue la cuna que lo vio nacer el 14 de septiembre de 1920. El hijo de Brenno Benedetti y Matilde Farrugia, quienes, siguiendo sus costumbres italianas, lo bautizaron con cinco nombres familiares y por qué no, literarios también. Una dedicatoria de la novela Primavera con una esquina rota (1982), expresa que su padre “fue químico y buena gente”.

A los 4 años se fue con su familia a la capital, donde hizo sus estudios escolares en el Colegio Alemán. La crítica economía familiar, lo obligó a trabajar muy temprano. Empezó a los 14 años como taquígrafo; luego vendedor, funcionario público y empleado contable. Sus experiencias laborales se aprecian en su escritura.

Según refiere el portal de noticias mexicano, Excélsior, su carrera comienza en 1939 cuando se trasladó a Buenos Aires, donde hizo también un poco de todo, pero especialmente -según contaría más tarde, leyendo a Baldomero Fernández Moreno- descubrir su vocación de poeta. Volvió a Montevideo en 1941, donde se integró en la redacción del semanario Marcha, un importante foro de reflexión y análisis clave en la cultura rioplatense, donde fungió como traductor, locutor de radio y periodista. Luz López Alegre fue su esposa de toda la vida, a quien dedicó la mayoría de sus libros.

En la capital uruguaya dirige la revista literaria Marginalia y aparece su primera obra ensayística, Peripecia y novela (1948), a la que siguió su primer libro de cuentos, Esta mañana (1949), con el que obtuvo el Premio del Ministerio de Instrucción Pública.

«Trabaja como humorista en la revista Peloduro, escribe en La Tribuna Popular. Fue Miembro del Consejo de Dirección de Casa de las Américas de La Habana y funda y dirige allí el Centro de Investigaciones Literarias hasta 1971», señala el diario argentino La Nación.

El 17 de mayo de 2009 el mundo se despertó con la triste noticia de la muerte de Benedetti en su casa de Montevideo, a los 88 años. Como asegura la agencia de noticias española EFE, el gobierno uruguayo decretó duelo nacional y dispuso que su velatorio se realizase con honores patrios en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. Sin embargo, sigue más vivo que nunca en cada una de sus letras eternas.

 

Benedetti entrelíneas

La permanente propuesta literaria de Benedetti, con el tratamiento de temas sencillos pero trascendentales, puede ser explicado por sus años de niñez en un pequeño poblado. Los libros de cuentos Montevideanos (1959) y La muerte y otras sorpresas (1968) son relatos de la monotonía de los oficinistas públicos y privados, y los avatares del ambiente doméstico. El cuento El presupuesto reseña que unos burócratas saben que otras dependencias se beneficiaron de asignaciones presupuestarias mientras que ellos miran esa situación “desde nuestra pequeña isla administrativa con la misma desesperada resignación con que Robinson veía desfilar los barcos por el horizonte, sabiendo que era tan inútil hacer señales como sentir envidia”.

Según asevera el noticiario chileno Punto Noticias, una novela muy conocida, La tregua (1960), tuvo como protagonista a Martín Santomé, quien cumplía 49 años y con planes de jubilación. Viudo, con tres hijos ya adultos, Santomé tiene una compleja relación con Laura Avellaneda, una joven con la edad de su hija. Para la sensibilidad lectora de hoy, son bastante intelectuales y disímiles razones para que sea su amante en vez de casarse: ya que un viejo no quiere arruinar la vida de una joven, reconoce el personaje, aunque teme que, diez años después, él de 50 y ella de 34, ella le sea infiel.

Dato curioso resulta cómo la trágica historia de este amor fue llevada al cine en 1974 por Sergio Renán, con un notable elenco; este film argentino fue nominado a un Óscar como la mejor película extranjera.

Benedetti decía que el Uruguay era “la única oficina del mundo que ha alcanzado categoría de república”. Para el escritor mexicano José Emilio Pacheco, «aquella oficina de la que hablan sus historias abarca el mundo entero, como la aldea de Chéjov o el villorio normando de Maupassant».

«No queda en nuestro vocabulario un término capaz de abarcar una actividad como la de Benedetti-agrega Pacheco-Poeta, novelista, cuentista, crítico, ensayista, desafía todo intento de clasificarlo y ha enriquecido cada género con la experiencia ganada en los demás». 

Aún si la labor literaria del uruguayo deviene muy amplia, él mismo se consideraba, sobre todo, poeta. Su obra está signada por una profunda solidaridad por el “próximo prójimo”: la gente, el amigo de escuela, el desempleado, el trabajador asalariado, la mujer olvidada.

Táctica y Estrategia

Para nadie es un secreto que Mario Benedetti estaba comprometido con la izquierda política, cuando era profesor universitario de letras en Montevideo, fue expulsado del país en 1973 al instaurarse la dictadura militar. Se exilió, como él las llamó, en varias “patrias suplentes”: Argentina, Perú, Cuba y España. 

Su obra teatral Pedro y el capitán (1979) presenta las tensiones que se dan entre un torturador y su víctima, con ideologías enfrentadas, pero con un fondo compartido de humanidad: “La obra no es el enfrentamiento de un monstruo y un santo, sino de dos hombres, dos seres de carne y hueso, ambos con zonas de vulnerabilidad y de resistencia”, señaló de forma magistral.

Sus escritos fueron eco de la angustia y la esperanza de amplios sectores de la sociedad por encontrar salidas socialistas a una América Latina subyugada por represiones militares. Como asegura la escritora uruguaya Hortensia Campanella, para Benedetti «la coherencia y la ética fueron valores fundamentales que siempre admiró. En su afán de fraternizar con el humano, profundizó –hasta en sus últimos libros que él consideró “entreveros literarios”– en el misterio de las relaciones humanas».

Los textos de Benedetti trascienden y han sido cantados por Joan Manuel Serrat, Tania Libertad y Nacha Guevara. Su obra contiene el compromiso afectivo, social y político consecuente a su tiempo. Hoy, un imprescindible de la Literatura Universal, Benedetti enamora con la genialidad de sus líneas inmortales. 

Quizás mi única noción de patria sean esta urgencia de decir Nosotros quizás mi única noción de patria sea este regreso al propio desconcierto (Fragmentos de Noción de Patria, 1963)