Al cumplirse, este lunes, los 120 años del nacimiento de Carlos Enríquez, nos acercamos a su singular historia.

De Carlos me enamoré hace mucho tiempo. Es uno de esos amores que te quitan el sueño hasta que averiguas todo de él. Sin que lo supiera, fui a su casa y respiré un poco del aire del lugar por donde alguna vez anduvo.

Me di cuenta que amó mucho a otra mujer, que el perfume francés lo volvió loco y zanjó una amistad carpenteriana de años. Pero ella era un alma libre. Tan libre que tiempo después voló del Hurón[1]. Y Carlos, mi Carlos, se quedó solo y al tiempo murió.

“El rapto de las mulatas
1938

Lo conocí por sus cuadros colgados en el Museo Nacional de Bellas Artes. Iniciador de la primera vanguardia artística en Cuba, Carlos Enríquez rompió con los códigos de la Academia de Pintura y Dibujo de San Alejandro.

Sus obras no respetaban las proporciones, los colores y los temas hasta el momento tratados. Pinturas como Las bañistas de la laguna, El rapto de las mulatas, El desnudo de Eva, Desnudos y Eva en el baño destacan en su obra rebelde llena de erotismo y desnudez.

Según cuenta Graziella Pogolotti para la página de la fundación Alejo Carpentier, el escritor vino de Francia de la mano con Eva Fréjaville, quien conoció al pintor y se enamoró. La decisión de terminar con Alejo e ir a vivir con Carlos al Hurón Azul fue rápida.

Casa Museo Hurón Azul

Cuentan hoy en la finquita que ambos paseaban desnudos todas las tardes por el patio de la casa. Carlos la pintaba completamente desnuda o con ropas casi transparentes. La dibujó también saliendo del baño, en el mismo zinc de la puerta.

Los domingos en el Hurón eran los mejores para la bohemia habanera. Allí se reunían intelectuales, escritores, arquitectos, entre otros, al pie de un cerdo asado y bastante ron.

Precisamente, dicen que el ron fue mutilando la vida del artista. Montones de botellas marcan el sendero desde el portón del Hurón Azul hasta la entrada de la casa.

Casa Museo Hurón Azul

De tantas personas que llegaron a la casa de Mantilla, una le hizo una carta astral con los símbolos de su vida. Curiosamente, Carlos murió bajo la regencia de los mismos astros que anunciaba la carta.

Por aquellos días finales, Carlos preparaba una exposición en la Editorial Lex cuando amaneció muerto, en su sillón, mirando la cábala.

Eva, muchos años antes, había escapado de la vida de encierro en que se había convertido su romance con Carlos. Una noche decidió marcharse y conocer una experiencia lésbica.

“Eva en el baño”
1943

El pintor enloqueció y le puso pintura verde a la puerta del baño. Destruyó el retrato. Hoy está en el Museo Nacional de Bellas Artes, rescatado y con los pies de Eva aún en finas líneas, como escapando.


[1] Se refiere al Hurón Azul, la casa que habitó el artista los últimos 18 años de su vida, hoy Casa Museo.