Mucho machete por dar todavía

Precisamente, este 2020 se cumplen 50 años de la primera publicación de Elpidio Valdés. El 14 de agosto de 1970 la revista Pionero cobijó al personaje que se volvería un ícono de la cultura cubana y patrón en muchas generaciones.

Entre el frío y la añoranza surgió el pillo manigüero: “Mi padre creó a Elpidio Valdés cuando estaba casado con otra esposa y vivía en ese momento en la antigua Unión Soviética. Tenía un ataque de nostalgia por Cuba y de una historieta que era de un personaje japonés que se llamaba Kashibashi le salió ese personaje cubano y se enamoró de él”, contó Xilvia Padrón.

Foto tomada de la página oficial de Juan Padrón en Facebook

Unida a la campaña en redes sociales para visibilizar la obra de Padrón y la importancia de Elpidio en este medio siglo de vida, también comenzará la construcción de un centro cultural y creativo llamado “La Manigua”.

El espacio, situado en calle Paseo y 35, se convertirá en un ambiente lúdico y de aprendizaje para la familia cubana porque así lo quiso Padrón tiempo antes de su deceso.

Ilustración tomada de la página oficial de Elpidio Valdés en Facebook

Para Xilvia no hay mayor reconocimiento al artista que la sonrisa de muchos:

“Yo siempre viví orgullosa de mi padre. Tampoco lo oculté, pero no iba por ahí diciéndolo. Me sentí muy orgullosa de lo que hacía y de cómo había impactado en la vida de las personas.

Hay una historia que a mí me conmueve mucho de un niño que tenía cáncer y que en los últimos momentos le dice a su mamá ʻmami, no te preocupes que aquí está Elpidio Valdés conmigoʼ.

“Y siempre le dije a mi papá que no hacía falta que él hubiera ganado millones, solamente con haberle hecho la muerte a un niño más llevadera era suficiente”.

Ilustración tomada de la página oficial de Juan Padrón en Facebook

Xilvia todavía se enrojece al recordar aquella vez que en la escuela escribió el nombre del famoso personaje de forma errónea, la vergüenza tan grande que le significó. O cuando rememora las tardes en las que buscaba a su padre en el estudio para comer: “Esperaba que terminara el trazo y luego lo asustaba”, dice.

Ella recuerda una infancia feliz, una vida, pues, según confiesa, aun de grande la siguió mimando y complaciendo, porque lo último que hicieron juntos fue jugar, como siempre.

Justamente por aquella infancia feliz, Xilvia hoy promete continuar el legado y mantener viva la figura de Padrón a través de sus creaciones para que todos los niños cubanos puedan seguir disfrutándolas y conocer de su historia y cultura. A Elpidio y a Padrón les queda mucho machete por dar todavía.

Ilustración tomada de la página oficial de Elpidio Valdés en Facebook

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