Noche de teatro. Se apagan las luces. Sube el telón y aparece la orquesta. Comienza el concierto.  A la izquierda del director están los violines. Si te deleitas, escuchas la melodía del conjunto, si ponemos más atención… ¡ahí está! La vibración de las cuerdas en conjuntos de a cuatro, de violín. Un joven, un arco. “Amadeo Roldán y Gardés” dice una talladura en la parte trasera del espaldar de su asiento. Es Amadeo, el genio Amadeo, en ese momento, un “simple violinista”.

Aunque estas imágenes narradas pueden ser ficticias no se alejan de la realidad de Amadeo, de los primeros años de pubertad; de quien desde que nació fue tocado por el azar. Y digo esto porque el lugar de su nacimiento tuvo una pequeña porción de casualidad: París. ¿Sus padres? La madre, cubana; el padre, español. Ambos “engendraron la maravilla” de paso por la ciudad del amor, un 12 de julio de 1900.

Un Roldán diminuto de cuerpo

Amadeo gustaba catalogar a su madre como incentivadora de su fascinación por la música. La formación musical clásica desde temprana edad estuvo a cargo de Albertina Gardés; mientras que las clases de piano, violín, armonía y composición las recibió de famosos profesores europeos de finales del siglo XIX y principios del XX.

Mi querida madre, Albertina Gardés, tocaba muy bien el piano y tenía una bella voz. Yo le decía “mi sinsonte”. Crecí escuchándola interpretar las contradanzas de Saumell y Robledo y acompañarse ella misma las canciones del “cocoyé oriental” de los negros de Santiago de Cuba», aclaraba el propio Amadeo Roldán en repetidas ocasiones.

 Entonces no resulta tan descabellado lo que más tarde sería su pase a la inmortalidad. Su niñez y pubertad fue muy fecunda. Digamos que, a diferencia de sus iguales, Amadeo no solo absorbió rápidamente los conocimientos musicales, sino que los empleó para crear ¡y magistralmente! Con solo dieciséis años compuso su primera gran obra: Suite en el sol mayor. Esto ayudó a que poco tiempo después ganara el premio español más prestigioso y codiciado por los ejecutantes del violín, el Premio Sarasat. Y pese a su juventud ocupó una plaza como primer violín en la Orquesta Filarmónica de Madrid.

Amadeo descubre su Cuba

Cuando tuvo mayoría de edad viajó hacia la tierra de su madre, que ahora también sería suya. Se nacionalizó como cubano y se quedó a vivir para siempre, aunque ese siempre se reduciría a solo 38 años de su existencia.

Entre descargas de violín en cabarets y restaurantes habaneros pasaron los primeros años. Objetivo primordial: ganarse la vida. Más tarde vinieron fructíferas tertulias con amigos donde ganaba más estudios, nuevas obras musicales, responsabilidades docentes y musicales. “Amadeo” y “vivir intensamente” era lo mismo, como si predijera la falta de tiempo. 

Esos amigos de las tertulias se convirtieron en compañeros de vanguardia artística y política. «Le contó a un periodista foráneo, que “teníamos almuerzos regulares todos los sábados en el Hotel Lafayette. Después del almuerzo nos íbamos al Café Martí.  Recibíamos visitantes ilustres de la vieja guardia como Fernando Ortiz, Juan Antigas, Enrique Roig, y nosotros los “vanguardistas”, como nos llamábamos: Jorge Mañach, Paco Ichaso, Mariblanca Sabas Alomá, Rubén Martínez Villena, Alejo Carpentier, José Manuel Acosta y José Tallet. Son demasiados para recordar», comentó en una ocasión Roldán,  publicado por Radio Enciclopedia en su página web.

Amadeo Roldán tuvo una vida musical en Cuba muy productiva tanto como violinista y compositor. (Foto tomada de la Agencia Nacional de Noticias ACN)

Así se sensibiliza con el acontecer cultural -musical en específico- y político cubano; los cuales revolucionaría en poco tiempo.

Maduración de un genio

«Su Obertura sobre temas cubanos ha sido llamada “el acontecimiento más importante de la historia musical cubana en aquella etapa del siglo XX”. En la Obertura está Saumell, Espadero, lo negro, el bufo, algo insólito en el género sinfónico cubano, le decían sus homólogos», refirió el artículo de Radio Enciclopedia

La culpa es de Los Hoyos. De ahí sale el cocoyé santiaguero (…) De la iglesia de Santo Tomás en Los Hoyos sale la primera imagen de la Virgen de la Caridad, porque es la primera iglesia de Santiago de Cuba. Mi madre me hablaba de cuando iba a misa de pequeña con mis abuelos. Luego Emilio Roig me llevó a verla en un viaje que hicimos juntos a provincia.

Sin embargo, La rebambaramba, está considerada la más famosa de sus partituras, con tal alcance internacional que ciudades como México, París, Berlín, Budapest, Los Ángeles y Bogotá; fueron cómplices de su belleza. Asimismo, creó un ballet basado en un texto de Alejo Carpentier, dirigiendo en 1935 el ballet Coppelia, en el teatro Auditórium, con Alicia Alonso en el papel de Swanilda.

No todas fueron obras de gran magnitud, sin embargo, la pequeña dimensión de lo creado no le restaba para nada majestuosidad, al contrario. En este caso se encuentran poemas como Fiesta negra, Rítmicas V y VI, que junto a Lonisation, fueron las primeras obras sinfónicas sólo para percusión.

Amadeo fue subdirector del Conservatorio Iranzo y figuró como miembro de la Pan-American Association of Composers. Sus grandes actitudes como pedagogo lo condujeron a fundar en 1931 La Escuela Normal de Música de la Habana junto a César Pérez Sentenat. Un año después debutó como titular de la Orquesta Filarmónica de La Habana y como si fuera poco lo eligen director del Conservatorio Municipal de La Habana y Director del Conservatorio de la Filarmónica.

La gran enseñanza de Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán consistió, como apunta Carpentier, en su propósito sostenido de hacer «una síntesis de todos los géneros musicales de la Isla, dentro de una expresión propia».

¿Fructífera y corta su vida? Sí. Tal vez la suficiente para revolucionar el acontecer musical de la Isla. La creciente influencia de los ritmos norteamericanos y el peligro que representaba su penetración en el tronco de la cultura cubana, era evidente; mientras, la música daba un salto considerable en el orden técnico y sinfónico. Amadeo Roldán fue pionero del cambio.

Este genio musical logró fusionar la música clásica y tradicional con estilos e instrumentos afrocubanos, sin perder la esencia de ambos. De esta forma fue catalogado como el iniciador del moderno sinfonismo de la música cubana y el primero en representar gráficamente los ritmos propios de esos instrumentos de percusión –léase llevar a partituras, con métodos precisos de enseñanza-  todas las posibilidades.

Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla no sólo fueron amigos sino también iniciadores del movimiento vanguardista musical en Cuba (Foto tomada de la ACN)

«Desde luego, el estilo no dependía de la utilización del material folclórico, ni era lo que pretendían Caturla y Roldán como falsamente se les atribuía. De lo que se trataba era de incorporar definitivamente a nuestro acervo musical los elementos rítmicos y sonoros que habían sido cuidadosamente segregados por una tradición europeizante», explicó Radio Enciclopedia.

Decía Roldán en carta a Henry Cowell: «Arte nuevo, procedimientos nuevos, mejor dicho, Arte Americano, procedimientos americanos; sensibilidad, formas, medios de expresión nuevos, americanos, pero inspirados en el más pleno y sincero sentimiento artístico […].» 

El lado radial de Amadeo

Sus dotes para la música y sus creaciones tuvieron tal magnitud que alcanzaron las emisoras radiales. Según un artículo publicado por el Instituo Cubano de Radio y Televisión, «en mayo de 1931, en la Emisora CMW, La voz de las Antillas, Amadeo Roldán participó en La Hora Múltiple (de 8:00pm a 10:00pm): primera revista cultural de la radio cubana, creada y dirigida por Luis Aragón Dulzaides, por varios años consecutivos emitió música, dramas, comedias, teatros, anuncios y variedades».

Asimismo, durante la edición 800 del programa, el 21 de octubre de 1934, Roldán dirigió la Orquesta Filarmónica, que por primera vez en Cuba se presentaba completa en un estudio radial. Varias fueron las asociaciones con sociedades cooperativas de radiales, concursos en colaboraciones entre emisoras, y la Orquesta Filarmónica.

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¿Su rostro? Delgado, ojos bien marcados, mirada profunda, cejas tupidas, labios finos, tez clara. Un hombre tan joven. Sin embargo, el cáncer no perdonó tal perfección. Murió el 2 de marzo de 1939, en un instante cualquiera del día de hoy.

El Director de la Orquesta de Cámara de Boston, Nicolás Slonimsky, dijo en la década del treinta del siglo veinte que Amadeo Roldán había hecho por la música cubana, lo que Stravinsky por la de Rusia.