Nersy es la actual subdirectora de la Escuela Superior de Formación para Atletas de Alto Rendimiento, Gerardo Córdova Cardín. Hace 12 años fue la primera directora mujer de la Escuela Nacional de Boxeo. Y hasta el pasado 2020, también desmanteló clichés siendo por cuatro años consecutivos la primera directora de la Escuela Nacional de Fútbol. Es una mujer que rompe con todos los estereotipos que rodean al mundo del liderazgo y el deporte.

La génesis de los milagros

Mayo, 2004. 5:00 pm. Hospital Materno Ramón González Coro. Buscando a qué aferrarse y confiando en que Dios existe, una madre hinca sus rodillas para rezar por su niña. Le han dicho que no nacerá. Es la bebé o ella. “Lo mejor que puedes hacer es interrumpir el embarazo”, le dicen. Solo piensa en todo lo que ha sacrificado para llegar hasta ahí. 9:45 pm. Contra todo pronóstico, pasa lo inesperado, la niña nace. Sus padres la llaman Nathalí.

29 de mayo de 2004. Doctor, ¿cómo está la niña?

-Se encuentra en estado crítico, dice el médico.

29 de junio de 2004. Doctor, ¿ya está mejor mi niña?

-Se mantiene sin mejorías, aún en la incubadora, dice él a la madre primeriza que está a punto de entrar en desesperación.

29 de julio de 2004. Doctor, ¿ha mejorado?

-Su estado aún es grave, le dice una vez más él, con su bata blanca y con toda intención de conservar sus esperanzas.

13 de agosto de 2004. Doctor, ¡dígame que ha evolucionado, por favor!, ruega la joven madre.

-Milagrosamente está mejor, en unas horas podrán marcharse, le comenta el médico. Reboza ella como nunca antes de alegría. Su hija estaba sana y podría volver a la Universidad.

A contracorriente

Domingo 11 de mayo de 2021. Estoy sentada en la sala de la casa de Nersy Santana Jauriga. He oído mucho sobre ella, necesito conocer más de la mamá de Naty, la niña que nació gracias a un milagro.

De ella sus vecinos dicen poco menos que agasajos, es una de esas vecinas que si les pides sal y la tiene, te la da. Pero si no la tiene, te la resuelve. Una vecina que te trata como familia.

Es incapaz de cuestionar los desafíos que le ha puesto la vida. Según ella, “cuando llegan las cosas es porque tocan.” Durante los 3 meses que estuvo ingresada en el materno, luchó con todas sus fuerzas por su vida y la de su bebé. Su hija y su carrera son sus mejores logros. Naty es su todo, el “bastón” que le impide cojear o caerse. “Con 17 años, me aconseja y hasta regaña por mis jornadas de 8:00 a 8:00, de domingo a domingo. Tal vez se asusta y por eso no quiere seguir mis pasos.”

Nancy, su madre y guía, me cuenta que “Nunca le gustó que la mandaran. Hasta jugando a las muñecas quería ser la Barbie Jefa. Invitaba a sus amiguitas para jugar en la casa, pero la condición siempre era que ella tenía que ser la directora de la orquesta, dueña y señora de la casita.” Nersy dice que nunca tuvo alma de líder. Tal vez lo sabían todos menos ella.

De fuertes comienzos y voluntades

Su primer encuentro con el deporte fue a través de la natación, cuando aún cursaba la enseñanza primaria. Luego comenzó la Secundaria Básica en Ciudad Libertad y decidió experimentar con el voleibol. Hasta que, con 13 años, se muda para el lugar donde hoy reside. Debido a la distancia, se ve obligada a dejar de practicar esta disciplina. La natación y el voleibol compiten hoy en la lista de deportes que prefiere. Pero el segundo lleva cierta ventaja.

Aunque desde niña practicó deporte, la fisonomía de su cuerpo se empeña en desmentirla. Sin embargo, su apariencia no es algo que le quite el sueño, asegura que mientras esté sana será feliz.

Dice que ama la música. Durante sus escasos ratos libres desconecta de todo cuanto la perturba escuchando un variado de canciones de Buena Fe, Habana de Primera, instrumentales y baladas. Está casada con Yuney, un ex policía de Santiago de Cuba, al que conoció casualmente en un evento deportivo. Tras casi 20 años de matrimonio el orden en su casa lo continúa manteniendo ella. Siempre que su mamá se lo permite, claro.

Con su esposo y su hija. Foto: Cortesía de la entrevistada.

-¿Y qué prefieres de ella?, pregunto a Yuney.

-De ella todo positivamente, responde él, tras 20 años de matrimonio y con los mismos nervios de quien se enfrenta a un examen decisivo.

 Sonrío ante lo que me parecía, la respuesta más escueta de la historia de las entrevistas. Más temprano que tarde entendí todo cuanto los había unido.

-Nos conocimos en un partido de voleibol en la Ciudad Deportiva, me dice.

El deporte sí que le ha dado todo, pensé.

Superarse, superarse y luego…seguir superándose. Ese es un mantra que Nersy bien conoce. Cuando era niña estaba convencida de que siguiendo los pasos de su padre, quien siempre estuvo en el mundo de la cocina, lograría alcanzar sus metas en la vida. Estudió un Técnico Medio (TM) en Gastronomía y Comercio. Se graduó y lo ejerció. No obstante, temprano se dio cuenta que ese mundo no era el suyo.

Afianzando sueños

Pasar los días enteros en el Instituto de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER), esperando que su madre terminara de trabajar y servirle de acompañante entusiasta para cualquier evento deportivo que se presentara, hicieron que Nersy se inclinara también por el mundo del deporte. Luego de su desacierto con el TM, comenzó a trabajar como secretaria en el mismo lugar donde esperaba a su mamá cuando era niña. Pero ella necesitaba estar aún más cerca del deporte, su camino no terminaba ahí.

En 2003 y con 24 años de edad, entra al Fajardo con el anhelo de conseguir el título de Licenciada en Cultura Física. Vivió la universidad con sus luces y sus sombras. Aunque todo apuntaba a que perdería su primer año, los 3 meses de docencia perdidos debido al embarazo no fueron suficiente obstáculo. Se gradúa en 2008 y un año más tarde comienza a trabajar en la escuela Nacional de Boxeo. Ahora sí se encuentra tan cerca del deporte como soñaba.

Profesora de recreativos, luego Jefa de la Cátedra de Formación Integral y de ahí a directora. Quizá se lea fácil escrito de esta forma, pero la carretera hacia el ascenso tenía sus baches. Era una joven mujer inexperta en un puesto donde únicamente habían estado hombres. Para que la considerasen “capaz” tendría que esforzarte un poco más que el resto.

“Los primeros días pensaba que el puesto me venía grande, era algo ilógico. Jamás una mujer había dirigido este deporte, un deporte permitido en Cuba solo para hombres. Al principio sentí cierto rechazo, pero como dice la sabiduría popular: donde hay mujer no hay fantasmas, y si quieres llegar a algún lado, tendrás que convertir barreras en fortalezas. Yo seré siempre lo que quiera ser.”

Como primera fémina al mando, antepuso siempre el diálogo y el entendimiento directora-atleta. Todos cuanto pasaron por la Escuela Nacional de Boxeo de 2009 a 2013 saben su nombre.

Sentada frente al televisor, Nersy esperó con ansias poder ver nuevas victorias en el medallero cubano. Vivió los Juegos Olímpicos de Tokio con la misma intensidad que los propios atletas. Recordaba experiencias que había vivido con muchos, Orta, los canoítas, La Cruz, etc. Entre tanto, no puede evitar lamentarse por las lesiones de otros. Considera que, “teniendo en cuenta las limitaciones del movimiento deportivo cubano, el puesto número 13 es más que glorioso.”

Hablemos de superación

Algún mes del año 2015. Imagino un teléfono sonar desde la sala, la misma donde me he sentado para hacer esta entrevista. Veo a Naty correr cual carrera de 100m vallas y el grito de: “apúrate que se cae” la acelera. Finalmente llega, responde, y una voz entrecortada se oye. Era ella, la niña grande de la familia que llamaba desde Caracas para saludar. En un abrir y cerrar de ojos ya todos están en la sala. La lucha por el aparato comienza.

Durante los dos años que Nersy estuvo de misión en Caracas, no hubo día que no llamara. “Los extraño, pronto me dan vacaciones, aquí todo está bien”. Era esa la retahíla que tarde tras tarde repetía para transmitir calma y paciencia a los suyos. Y aunque con nostalgia, recuerda esos días de misión internacionalista, como su mayor experiencia de vida y a Venezuela, como su segunda Patria.

Durante su estancia en la capital venezolana Nersy aprendió de liderazgo. Se desempeñó como metodóloga de la brigada deportiva en las comunidades de extrema pobreza y vivió en primera persona todo lo que Cuba, como país, transmite a los venezolanos: “Le decían Cuba a todo el cubano, no los llamaban ni médico ni deportista, ni les decían sus nombres, para ellos todos los internacionalistas, todos los que ayudan, son Cuba. No estábamos allá como directivos, estábamos como cubanos solidarios.”

En Venezuela con una colega. Foto: Cortesía de la entrevistada.

Al regresar de Caracas, trabajó como jefa del Departamento de Cuadros en el Cerro Pelado. Era un buen puesto, pero estar tras un buró no le parecía su “trabajo ideal”. Lo suyo era seguir dirigiendo. Así llega hasta la Escuela Nacional de Fútbol, con mucha más madurez y sabiduría. Nuevamente rompe con los prejuicios y estereotipos del sector deportivo, asciende a directora de una entidad mal pensada, durante años, solo para hombres. Ahí se mantuvo hasta su próxima escalada, que tendría lugar unos pocos años más tarde.

Debido a una promoción de cuadros, es ascendida a Subdirectora General de la Escuela Superior de Formación para Atletas de Alto Rendimiento, Gerardo Córdova Cardín, puesto que aún ocupa y donde planea permanecer superándose. Tras haber pasado 8 años de su vida dirigiendo, reconoce que en un primer momento sentía que las responsabilidades que conllevaban los cargos la superaban. Con el tiempo les ha sacado casi el mismo jugo que ellos a ella.

Las luces que no se apagan

Durante todos estos años Nersy no ha dejado de crecer. Ha aprovechado las madrugadas para superarse. Actualmente ostenta el regocijo de haber sido directora, madre, hija y esposa a la vez. Con dos diplomados en Administración Pública, uno desde el Instituto Superior de Relaciones Exteriores y otro emitido por la Universidad de La Habana.

Puede que a las 5:00 AM ya la encuentres trabajado. Llega a casa sobre las 8:00 PM y, aunque el resto de la familia se ocupa de las labores domésticas, alguna que otra tarea pendiente le espera. Esta rutina diaria la ha privado de pasar todo el tiempo que quisiera junto a su gente:

“Cuando uno se enamora de la familia tiende a dejar el trabajo de lado, o viceversa, pero si algo he aprendido todos estos años, es a intentar llevar todo a la par, trabajo, casa y superación”

No me quedan dudas de lo querida que es en casa. Su atención es reclamada por todos. Como la mujer valiente que le ha tocado ser, durante años el sustento de la familia, quienes han dado todo y más para que Nersy trabaje y siga rompiendo techos de cristal.