Con unos aires prestados caminaba yo por la Calle G el día que Andrea Doimeadiós (Noelia) se fijó en mi vestido. Yo reparaba disimuladamente en ella porque era la actriz naciente, la hija de Osvaldo. Pero Andrea hacía una pausa en su andar para preguntarme dónde había comprado el vestido que llevaba puesto. Era una pieza azul prusia de bolas blancas y cuello cerrado, en onda francesa, recuerdo de una amiga que se fue al extranjero. “Pero te lo presto, cuando quieras”, le dije. Sonrió y agradeció.

No sabía yo que unos años más tarde, la “incólume”, “inédita”, “inmediática” sería ella, en la piel de Noelia Bermellón. El personaje humorístico que vemos en pantalla los sábados en horario estelar por Cubavisión.

Por estos días, las redes sociales arden con La hora de Noelia. No hay medias tintas para opinar. Noelia gusta o no gusta, rotundamente. Lo cierto es que esta “conductora que conduce, presentadora que presenta”, no deja a nadie neutral. La mayoría reconoce su talento como actriz, pero el personaje es el que inquieta. “Es falso, sobreactúa, es kitsch”, he oído decir. En mi opinión, ¡esa es precisamente su razón de ser!

La hora de Noelia, con dirección de Mónica Crespo y guion de Osvaldo Doimeadiós, nace a partir del making- of de El Motor de Arranque. A raíz de la popularidad del personaje, se acordó crear un programa donde NB fuese protagonista.

Los anacronismos o las malas costumbres

Noelia Bermellón es un anacronismo, un disparate, un exceso, sí, que representa la superficialidad naturalizada en la televisión global, y la cubana no escapa a este fenómeno. Voces engoladas, sonrisas fingidas, vestuarios y maquillaje desacertados, improvisación funesta son algunos errores que pululan en nuestras pantallas. Y, lo peor, pasan desapercibidos por una buena parte de la teleaudiencia cubana.

En La hora de Noelia también hay que destacar el diseño, el vestuario excéntrico y el maquillaje acorde al personaje, los invitados y las actuaciones de Venecia Feria y Leandro Cáceres. Rostros frescos que aportan a la calidad del programa, pero si se le mira desde el prejuicio, no es posible apreciar el valor de un material como este.
El toque actual y diferente que ha traído a la programación ha generado una polémica respecto a un tipo de humor que predomina. Muchas veces se erige desde lo insulso, arcaico y ofensivo.

Noelia gusta o no gusta, rotundamente.

Otras propuestas humorísticas, además del popularísimo Vivir del cuento del lunes, enriquecen la parrilla en la etapa estival. Es el caso de Juntos, pero no revueltos con dirección de Roly Peña y Al habla con los muertos con guion de Amílkar Salatti y dirección de Alberto Luberta Martínez. Esta última duró poco en pantalla —no sabemos por qué motivos— .

No se dio oportunidad a desarrollar esta comedia de situaciones en la que se invirtió presupuesto, tiempo, trabajo, esfuerzo de actores talentosos como Ray Cruz, Yaremis Pérez y Carlos Gonzalvo en la dirección actoral. Dice un amigo que hay cosas peores que llevan años flotando en nuestra TV. Esperemos que solo sea una pausa para Al habla…, aunque a los televidentes que sí la seguían se les debe una explicación.

Noelia es una representación de las cosas que hemos normalizado en los espacios televisivos.

En este escenario, el personaje de NB demuestra que el humor es cosa seria y no hay una verdad absoluta a la hora de crear. También, que el público cubano está acomodado a un tipo de programa humorístico muy específico, especialmente los extranjeros. Cuando se le presenta otra propuesta, en ocasiones no es aceptada con facilidad.

¿Qué no es para un sábado en la noche? Puede ser. Pero considerando que ha sido difícil la creación audiovisual en este periodo pandémico, y la programación de los sábados es una asignatura pendiente, ¿por qué no?

Lo cierto es que la extravagante Noelia no nos ha dejado impertérritos y eso, en estos tiempos, es un gran punto a favor. Vamos entonces a darle una oportunidad al humor femenino, al buen humor, ese que transforma, nos mueve la silla y, sobre todo, la inteligencia.