Paciencia: “se ve” la Champions en Cuba

Era martes. Y no cualquier martes. Era un martes de Champions. El canal de los deportes en Cuba, Telerebelde, proyectaba un partido de voleibol –diferido, por demás–, mientras el mundo deportivo enfilaba la vista directo al choque de vuelta de cuartos de final de la Liga de Campeones de Europa entre el Bayern de Múnich y el PSG, campeón y subcampeón de la edición anterior, respectivamente.
Por la pandemia, lo confieso, no me atreví a salir a ningún lugar con “antena” para disfrutar el juego. Pero tenía ganas de ver el partido. En un intento desesperado para no perderme lo que podría ser una de esas “noches mágicas”, agarré mi teléfono y entré a la plataforma Picta, donde percibí los cielos abiertos al creer que miraba el enfrentamiento en vivo. Iba a “quemar” los megas, literalmente.
Neymar andaba desbordando por todas partes, encendido, finteando sin parar, estrellando la pelota en el ángulo de la portería de Neuer… “El Barca nunca debió dejar ir a Neymar”, pensé, al mismo tiempo que me deleitaba con cada gambeta, los pases filtrados para el bólido Mbappé y las asociaciones con el fideo Di María.
La de tiempo que hacía que no veía a Neymar jugar. Telerebelde no transmite casi ningún partido que no sea de la Liga Española, y ni siquiera –sigo sin entender por qué– pasan diferidos los cotejos de la Champions.
No obstante, nada de eso debía importar. Estaba viendo en un pequeño cuadrito el choque de la jornada, en una calidad de 360p para intentar ahorrar, pero viéndolo al fin y al cabo. Era privilegiado.
Y no existía solo Neymar, ni Mbappé. El Bayern, diezmado, por las bajas, también hacia lo suyo por remontar el 3-2 de la ida en Alemania. Sintonicé la transmisión en el minuto ‘20 de la primera parte y luego caí en cuenta de que la misma iba diez minutos atrasada.
Consulté en Google y descubrí que el conjunto bávaro ya había igualado el marcador global por medio de Choupo Moting. Así todo, desangrando el contador de megas, volví a Picta para ver el gol que debía estar al caer en la desfasada transmisión, pero se congeló… Tarea difícil empatarse con la Champions.
Una vez y otra vez… y otra vez y otra vez refresqué la pestaña, pero jamás volví a dar con la señal. Fatal, justo cuando el partido no podía estar mejor: el PSG cazando el latigazo con un Neymar espléndido al frente y un Bayern que se iba a volcar en la búsqueda del pase a semifinales.
¡Qué va! Tenía que hacer algo y entonces recordé que hace poco me habían pasado una aplicación que captaba todas las emisoras de España. Me la mandaron para escuchar la Copa del Rey, que tampoco ponen en Telereblede.
Entre una cosa y otra, di con la cadena Cope, que transmitía el partido en cuestión, mientras hacía pases a los momentos más importantes del otro choque de la jornada entre el Chelsea y el Porto.

La efusividad de los relatores pintaba en mi cabeza un desafío emocionante, veloz, tanto que no me dejaba a veces dibujar el escenario “exacto” en mi imaginación. “Ahí va Neymar de nuevo, deja a uno, dos… Di María… ¡Neymar, Neymar…! ¡Neuer al córner…!”

Evidentemente el PSG podía liquidarlo en cualquier momento. Los narradores transmitían la tensión. Era casi como ver el partido, agradable de escuchar. Y de repente volvía Neymar, y yo intuía que iba haciendo lo suyo con la pelota: “¡Vaya partido de Neymar que está…!”.
Me quedaba clarísimo entonces: “El Barça nunca debió dejar ir a Neymar”. Pero el PSG comenzaba a sentir la tensión, no concretaban y el Bayern inclinaba la cancha.
Aparecía Keylor, sacaba Kimpembe. No le duraba la pelota al PSG. Sufrían. Sané y Coman como puñales por las bandas asediando la puerta del arquero costarricense y los franceses tratando de salir a la contra para sentenciar.
“Se lo van a echar al PSG”, dijo mi papá y casi al instante el tono de la narración nos puso a la expectativa: “¡Ojo a la carrera de Mbappé…! ¡Sigue Mbappé, sólo frente a Neuer…! ¡Goooooollll! ¡Goooooollllll del París Saint Germain! ¡Vaya pase de Neymar y qué carrerón de 45 metros de Mbappé…!”
Ese era el fin del Bayern, pero vista hace fe y como no veíamos, jamás imaginamos que podía existir fuera de juego. Era todo tan surrealista que ni me acordaba del Var y ¡contra! Fuera de juego. El campeón seguía vivo, a un gol de dejar a oscuras la ciudad de la luz.
Flick, con pocas variantes en la banca, metió a Javi Martínez de delantero centro, quemando las naves, a la desesperada. Y la conexión Neymar-Mbappé se volvía estéril. Entonces me comenzaba a dar vueltas un pensamiento que coincidía con el vaticinio de mi papá: “se la van a echar al PSG”. Vaya si no era una “noche mágica”.
Y le quedaban opciones al Bayern: “¡Müllerrrrrrr! ¡Fuuuuueraaaa!” Y seguíamos escuchando. Creíamos saberlo todo y no sabíamos nada, tanto que nos sorprendió el pitazo final, entre el desembozo de las voces españolas y las acciones del partido.
El PSG había clasificado y yo ya podía, por fin, desactivar los datos móviles. En Telerebelde, el canal de los deportes en Cuba, seguían poniendo materiales reciclados y yo, no sé por qué, continuaba pensando que el Barça nunca debió dejar ir a Neymar.

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