Pesquisas que salvan vidas

Por Blanca Amelia Ramírez

Hace pocos días me preguntaba por los muchachos que hacen las pesquisas, pues por la casa no habían pasado, o por lo menos no los había visto. Entonces, como una bofetada del karma, al salir al portal con mi kit de protección para buscar el cloro, vi frente a mí a unos estudiantes de Medicina. Un jovencito, con el temor dibujado en su rostro, me miró y balbuceó algunas palabras. Enseguida le expliqué que ese caserío verde -como su rostro- era la vivienda de cuatro personas. “Todos estamos bien, pero pasa y pregunta sin pena”, le dije.

Durante mi rápido camino a la bodega comencé a sentir lástima por él. Tímido, tan menudito y joven, expuesto más que otros; él no se podía quedar en su casa. Entre el calor y la falta de aire que suele provocarme el nasobuco, lo recordé: en el último año de la Lenin mi papá se obsesionó con que fuera médico. Aquello constituyó una odisea porque no tenía decidido qué estudiar, pero estaba segura de lo que no quería y justamente era eso, Medicina.

Siempre he considerado esa profesión una de las más sacrificadas y humanas; si la ejerces debe ser con una vocación real, que yo no tenía. Luego aquel sentimiento que me produjo el joven se fue disipando, “él está cumpliendo con su deber”, me dije. Además, si ama lo que hace, no es una obligación, sino un compromiso moral consigo mismo.

Foto: Colaboradores de Qva en Directo

Pero estos estudiantes son seres humanos. Como cualquiera tienen dudas, preocupaciones, se agobian con las noticias y saben que están en la primera fila de combate. Cuando comenzaron a detectarse los primeros casos de COVID-19 en Cuba, las pesquisas se reforzaron aún más, esas mismas pesquisas que se comenzaron 1986, al iniciarse la vigilancia epidemiológica a través de la Red Nacional de Laboratorios SUMA.

Estos centros estudiaban a varios grupos focales como embarazadas, donantes de sangre y personas de riesgo para diagnosticar enfermedades como VIH/SIDA, Hepatitis B y C, Dengue, Lepra, entre otras. El modelo de salud cubano está a la altura de un país desarrollado, reconocieron la OMS y la OPS en 2017. Las pesquisas activas como medida para la prevención forman arte esencial de ese sistema.

Luego de que entrara a Cuba la pandemia actual, se necesitó que los estudiantes de Ciencias Médicas apoyaran el pesquisaje. Pocos días después me llegaron estados de WhatsApp de futuros médicos y estomatólogos, conocidos míos, negándose a participar porque no tenían la protección para eso. Aquello no fue algo generalizado y tampoco pasó de unas cuantas quejas de jóvenes inmaduros, verdes aún, como aquel tímido muchacho.

Enseguida aparecieron titulares en medios de prensa extranjeros que se aprovecharon a la primera, como el El Nuevo Herald con aquello de “Cuba pone a estudiantes de medicina a hacer pesquisas en hogares por el coronavirus”.

En el texto se podían ver palabras como “obligación” y nombres de personas sin su apellido “para que no se tomaran represalias”, justificaba. En el periodismo sabemos que eso de la fuente secreta realmente ocurre en casos de extrema sensibilidad, lo demás parece invento.

Ahora bien, la aparición de esas quejas, en mi opinión, va de la mano con la inmadurez y el miedo; tener o no los nasobucos es una justificación banal. ¿Cuántos reportes no hemos visto de personas mayores cosiendo desde sus casas para regalar las mascarillas a los que las necesiten?

Artistas haciendo nasobucos, deportistas, como la misma Ana Fidelia Quirós, empresas de cualquier tipo también se han sumado a su producción. Por lo tanto, cualquiera puede hacerlos.

Entonces, la cuestión está en el miedo a lo incierto, a una enfermedad que ha cobrado suficientes vidas como para diezmar significativamente la población mundial; una enfermedad que mata y deja como recuerdo las imágenes de cadáveres en cajas de cartón, como en Ecuador, o en fosas colectivas como en Estados Unidos; una enfermedad que tiene al Santiago Bernabéu convertido en un almacén de medicamentos, a Nueva York apagado y en cada pantalla del Times Square dibujado el rostro de la muerte.

Por suerte, ya esos estados de WhatsApp cambiaron a imágenes de jóvenes que apoyan en las pesquisas. Ahora se les puede adivinar una sonrisa tras su nasobuco, delatada por la expresión de sus ojos. Tal vez estos tiempos difíciles pretenden hacernos madurar un poco más rápido y enseñarnos dónde somos realmente necesarios.

Los días han pasado y siguen llegando a las casas, ya más desenvueltos, para hacer las mismas preguntas, que pueden parecer repetitivas, pero que representan uno de los mayores logros de Cuba: la medicina preventiva.

Este tema es parte de la agenda mediática actual, por ello es necesario ver sus luces y sus sombras. Para hacerlo, creamos un grupo en WhatsApp en el que los seguidores de este proyecto, Qva en directo, se unen en el debate de nuestra realidad.

Gracias a Aramis Acosta, trabajador de los Estudios de Animación del ICAIC, conocimos a los hermanos Adalid y Yamir Moreno Ávila, salvavidas que diariamente llevan a cabo la pesquisa en El Romerillo, municipio Playa.

El encuentro previsto me permitió compartir su experiencia, conocerlos. Ellos, como parte del sistema de Salud Pública, se encargan de pesquisar parte del lugar y están muy satisfechos con su aporte, pero también incómodos, porque hay quienes siguen fuera de sus casas y no tienen noción del peligro.

Pocas veces al personal salvavidas se le ha reconocido su participación en eventos como este, aunque han estado en muchísimos como el Dengue y la pandemia AH1N1. Ahora que el acceso a playas y piscinas está denegado pues hay que permanecer en casa, ellos cumplen otras labores y las asumen con el compromiso de su juramento: poner por delante de su vida la de los demás.

Aplausos que unen un país

Precisamente, el aplauso de las nueve de la noche, que en algunos barrios disminuye y en otros aumenta (tema que abordaremos pronto) es también para estos valientes, para los más jóvenes que recién despiertan y acatan el primer llamado real de su país y para estos veteranos del mar, que han asumido en más de una situación de desastres. A todos ellos, gracias.

Deja un comentario