Patria y Vida se ha convertido en lema, para muchos, símbolo de rebeldía “antisistema”. Ayer varias personas vitorearon esa consigna en el momento que fueron detenidos varios “activistas” que tenían como objetivo llegar hasta la casa de Luis Manuel Otero Alcántara.


Este joven conocido ya en toda Cuba, se ha convertido en el epicentro de un conflicto que no ha tenido un escalamiento por el manejo gubernamental. Pero vayamos por partes.


No resulta necesario ahondar en las causas de la rebeldía del nuevo “Mesías”, ante las pruebas presentadas hace unos días en la televisión cubana, donde se denuncia a una funcionaria del Instituto Demócrata por ser la organizadora en esta etapa del proceso desarrollado por el MSI. Entonces pongámoslo por lo claro:


Las acciones del MSI son financiadas, dirigidas y organizadas hasta la saciedad por el Instituto Demócrata. Esta ONG estadounidense es la que está intentando generar un estallido social en La Habana Vieja. El resto son solo testaferros.
Más allá de que no caben dudas de que algún tipo de beneficio recibe el “Luisma”, que de tonto no tiene un pelo, lo cierto es que está articulada una red de personas que (en La Habana) están sirviendo de ejecutores de medidas que me gustaría llamar psico-sociales, para esta guerra de baja intensidad.


Y seguro te preguntas, ¿qué son medidas psico-sociales? Vamos a pensar en lo habitual. Una sociedad cualquiera tiene normas de convivencia. A ellas se le agregan las que por costumbre los seres humanos hemos adoptado de distintas culturas. Así pues, no es común ver personas gritando, ni asumiendo posturas violentas, ni realizando actividades que van contra lo que normalmente se hace. Tampoco son habituales los actos de desacato a las autoridades.


Cuando alteramos esas lógicas e introducimos con acciones concretas un mensaje URGENTE de pánico, miedo, amenaza o protesta de manera intencionada, estamos induciendo un comportamiento social mediante una medida activa que interviene la realidad. Ello genera reacciones que en la mayoría de los casos están fríamente calculadas por sus ejecutores. A ello sumamos la selección del momento, el lugar y las personas implicadas en el asunto. No tiene la misma significación una mujer que una anciana, un hombre que un adolescente etc…


Y sí, existen manuales que explican muy bien como realizar acciones de este tipo con comprobado éxito en varios países del mundo.

Gene Sharp tenía claro algunos conceptos que, bien aplicados, pueden dar al traste con la gobernabilidad de cualquier país. Pero todos los países no tienen las mismas condiciones. Existen, por así decirlo, realidades especiales y Cuba, es justamente una realidad muy especial.


Con un alto nivel de burocratización de los procesos, criticado en primera instancia por los Congresos del Partido, la Isla se mueve entre una crisis sanitaria sin precedentes, una crisis económica internacional y una guerra económica que la impone el país más poderoso del orbe. Nuevamente, ¿quién es el enemigo?

Hago esta pregunta porque tal parece que algunos han perdido el sentido de para donde tirar los golpes, y ahora “bajamos” al nivel del reto que se establece entre un grupo de personas que no son una fuerza política y las autoridades de un estado soberano. Al hacerlo, se legitima un discurso que posicionan los que hacen ver a Cuba como un país desprovisto de garantías de derechos.


Entonces comienzan a circular por las redes los mensajes de personas que hablan de la “cruel dictadura” que le quitó a Alcántara sus obras de arte, su derecho a expresarse y a ser feliz. Incluso llamados a revisarnos por dentro como seres humanos. Ok, queremos hablar como seres humanos, hagámoslo. Pero recordemos que somos imperfectos y ninguno piensa igual.

Varios amigos de diferentes provincias me han preguntado lo mismo ¿qué pasa en La Habana? ¿se está cayendo aquello allá?

La respuesta es no. La verdad es que hay un grupo de personas que están promoviendo acciones que catalicen un estallido social. Se busca un evento que dé al traste con una escalada que provoque una caída del sistema político cubano. Un plan muy seguro, sin dudas, con un solo defecto: Cuba no es La Habana.

Incluso en la propia capital, no podemos hablar de una masividad de personas a favor de los nuevos “líderes sociales”. Si bien no hay consenso en determinados temas como los económicos, es poco probable que alguien salga a apoyar una causa tan cogida por los pelos. Con una alta dosis de triunfalismo, la estrategia estadounidense se basa en:

  1. Identificar puntos de conflicto de la sociedad cubana en la actualidad y los segmentos poblacionales más afectados en los mismos.

2. Diseño de esquemas para acentuar las limitaciones económicas de los ciudadanos cubanos y con ello la presión sobre los familiares que residen en el exterior.

3. Identificación y comunicación con personas de bajos estratos sociales, vinculados a actividades ilícitas (de esto, hay varios ejemplos recientes). En sentido general, aquellos que hayan tenido o tengan problemas con las autoridades, para instruirlos en la generación de eventos sociales. Estos que reciben dinero e instrucciones, son los soldados “desechables” de esta guerra cuyo “sacrificio” puede llegar a convertirlos en actores de cambio.

4. Empleo de esas personas en la generación de conflictos con las autoridades de orden público.


Nuevamente resumo: el enemigo es el gobierno de los Estados Unidos.

Plan contra plan

Muchos nos hemos cuestionado la “pasividad” de las autoridades cubanas en torno a estos procesos que se están desarrollando, que mezclan “causas” políticas con una marginalidad antes retenida por la fuerza de la sociedad en primer lugar.


Aún cuando hay quienes piensan que la solución sería una respuesta enérgica, la realidad es que no es así. Definido por Fidel desde el inicio del proceso revolucionario, no podemos ser iguales a los gobiernos del resto del orbe, pues se pierde el humanismo. En la Sierra hubo respeto a la vida de los soldados de la dictadura. En Girón, se respetó la vida de los mercenarios rendidos que finalmente se cambiaron por compota. De igual forma en las contiendas bélicas que ha participado Cuba en otros países del mundo, la tortura y el asesinato, nunca han sido un método válido. Hoy, se respeta y garantiza la vida de quienes estan en contra y de los mercenarios que los acompañan.


En tanto, se trabaja la opinión pública internacional y nacional a través de medios de dudosa veracidad. Resulta cuando menos dificil demostrar la existencia de una dictadura sin muertos, heridos o torturados. En ese sentido, las autoridades han tenido a bien no permitir que sus fuerzas caigan en provocaciones. Ello, claro está, no quita que en algún momento un representante de la Ley asuma el encargo social que tiene y haga, a fin de cuentas, su trabajo ante una alteración del orden público.


Sin embargo, se da un escenario singular. Algo que no sucedía en nuestro país. La mezcla entre la contrarrevolución y la delincuencia ¿Aspiramos entonces a una “guarimba tropical”? ¿Vamos a permitir que eso suceda?

Y qué pasa si introducimos un “IF”…

Algunos modelos de análisis establecen la condicionante IF como switch entre que suceda una cosa o la otra. En este punto se impone una pregunta ¿Dónde están el resto de las fuerzas políticas cubanas?


No me refiero a las instituciones formales, sino a las fuerzas políticas que de hecho existen en nuestras sociedad y conviven con el duro día a día de la censura enemiga y el inmovilismo perestroyko. Para nadie es secreto la existencia de una izquierda joven que se plantea dilemas sobre la construcción de un socialismo en Cuba, donde lo primero es la protección de lo logrado.


A esas fuerzas son a las que dirijo estas líneas. Son las que pueden traer la balanza al punto de equilibrio. Cuba está minada de grupos de presión de disímiles intereses, que en muchos casos rozan el egoísmo de desconocer las realidades de un país pobre y tercermundista. Solo la articulación de quienes quieren un futuro que se asocie a un país justo y equitativo vale de contrapeso a tanta hojarasca.


No se trata de llevar a un punto extremo la polarización de opiniones políticas que vive una generación. Se trata de salir del hueco, de no esperar un mandato divino para actuar en lo que ya sabemos que hay que hacer. Hay una guerra andando y hay fusiles que no suenan ¿Cuánto puede resistir una Revolución que no se defiende desde la visión más radical de su historia? Se debe decir, estamos, somos, contamos. Para que el relato no sea solo el acto de los cobardes y oportunistas.


Y ante una sentada, nos tenemos que sentar también. Ante un poema, debemos recitar también; ante una dosis de veneno, una de antídoto. Hay un manual de lucha no violenta, que es solo una herramienta para quien quiera emplearlo. El imperialismo lo emplea para desestabilizar gobiernos. Las fuerzas revolucionarias lo pueden emplear para contar su verdad. No es que se carezca de iniciativas, como la Tángana del Trillo, es que esas iniciativas deben ser sistemáticas y articuladas, de lo contrario no llegan a donde deben, que es a transformar realidades.


Más preocupante aún es que esas fuerzas pierdan el norte, de quien es el verdadero enemigo. No se trata el síntoma solamente, hay que erradicar la enfermedad. No basta con mostrar que la sociedad cubana, respetuosa y con muchas opiniones, tiene como fin último un país mejor. Hay que exigir al verdadero enemigo, al implacable. Al que paga a los traidores y compromete a los arrepentidos.


Y sí, hay mil maneras de hacer un país más libre, sin bloqueos, y más democrático, con todos los que aportan a la construcción de una sociedad que tiene que tener como fin la satisfacción plena de las necesidades del hombre.
Justamente, porque de eso va este sistema, aunque hay muchos que solo ven lo que nos dejaron tener. Cuba es una casa, que tiene paredes y techo, y partes a medio construir. Pero es una casa que no se ha podido terminar en 60 años ¿Es malo su diseño? No. Es una obra cercenada. Una pieza de humanidad que no la han dejado ser. Porque hay ejemplos que no convienen. Es injusto censurar un proyecto que para mantenerse en pie ha debido enfrentar viento y marea.

Una dosis de realismo político

Hay preguntas tontas como esta: ¿Cómo reaccionarian el FBI o la policía de Miami si militantes o personas organizadas por las redes sociales comprometidos con la revolución mundial salieran a la calle y comenzara a gritar Patria o Muerte?


La Revolución siempre tuvo enemigos dentro y fuera de ella. No será la primera vez que su defensa sea a ultranza y por los medios necesarios. El poder hoy lo detenta un gobierno que, no exento de errores y críticas, se ve trabajando día a día. Rindiendo casi un parte diario al pueblo de lo que hace en la esfera de dirección al más alto nivel.


Cambiar un sistema social implica que la sociedad mayoritariamente esté de acuerdo. No es el caso cubano. Amén de una generación que se debate en posiciones emotivas y donde solo hay a la vista un proyecto concreto, el resto de los cubanos permanece mayoritariamente a favor del socialismo.


Las fuerzas políticas cubanas, no los que portan un documento, sino todos los que hacen de corazón, tienen derecho a defender lo que creen. La autocensura y la marginación de las batallas políticas no debe ser una opción para una generación que está tratando de imponer su propio método y estilo.


La voz de ataque por una Cuba libre, la dio Céspedes hace 152 años ¿Me pregunto si Mella, Villena, José Antonio y Fidel esperaron las orientaciones de alguien para defender la patria?