El inicio del 2021 resultó nefasto para la mayoría de los estados de Brasil y México, donde la situación del coronavirus nunca tuvo control y ahora enfrentan una nueva cepa.
Según DW, en el estado de Manaos, Brasil, la situación ha llegado a tal punto que las personas hacen colas para poder conseguir oxígeno para sus familiares ingresados, a riesgo de morirse allí sino se actúa con rapidez. Manaos está aislada del resto del país, por lo que cuando se acaben los suministros de tanques de oxígeno, aumentará el número de fallecidos, que nunca ha intentado disminuir.
Por otra parte, el estado de Amazonas enfrenta una situación similar a la transitada en abril y mayo: aumento considerable de los positivos, falta de recursos y colapso de los hospitales. Y como si fuera poco a todo esto se junta el descubrimiento de una nueva cepa del coronavirus en el gigante sudamericano.

Pero, ¿qué hace el presidente brasileño? Jair Bolsonaro considera cumplida con creces su labor de “ayuda”, al haber enviado cierta cantidad de suministros a estos estados; para nada suficiente. Muchos brasileños y ciudadanos internacionales lo señalan como el verdadero culpable.
México, en su tentativa de disminuir los casos, “no sale del hueco”. No se ha visto un deceso de los positivos y, por el contrario, sí un aumento en los fallecidos. «El país ya registró su semana más mortífera y la cifra de contagios se mantienen en máximos desde inicios de la pandemia», informó DW. Lo cierto es que Andrés Manuel López, presidente mexicano se niega a decretar el cierre total y la cuarentena.
La crisis es especialmente grave en Ciudad de México. Al igual que en Brasil se forman colas para conseguir oxígeno para familiares hospitalizados y ya se muestra un colapso del sistema de salud, sobre todo escases de recursos y de espacio en los hospitales (en el 88%).
¿Qué pasará con estos países? ¿Cambiarán los presidentes sus posiciones? Lo cierto es que muchas muertes deberán ocurrir antes de que suceda algo diferente.