Por Lisandra Aguilar López

“…para entender una imagen de una cultura precolombina debemos entender su cosmovisión…”

Golte, 2008: 21

A partir del inventario actualizado del segmento de Arte Popular de la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría en la Casa de las Américas, se realizó un hallazgo de tres piezas cerámicas posiblemente prehispánicas.

Estas piezas fueron donadas entre 1992 y 1993 por la cancillería colombiana en Cuba. La primera es un Plato hondo de barro torneado, con decoraciones geométricas de fondo negro, con figuras en rojo y crema. La segunda, una Urna Funeraria de barro con pintura negativa sobre los colores crema y rojo, cuenta con una tapa antropomórfica que representa una imagen masculina mascando hoja de coca. La última, un Retablo antropomorfo, hecho en terracota con motivo ritual, en el que figura una postura de poder: hombre sentado con los brazos apoyados en las rodillas.

Según las fuentes consultadas, estas piezas tienen una alta probabilidad de formar parte de la historia prehispánica latinoamericana. Las características que poseen permiten clasificarlas, ordenarlas geográficamente y leerlas de cierta forma para obtener ideas generales de sus estilos, símbolos y significados como objetos relatos de la época. Los argumentos encontrados en las bibliografías sobre las características y el funcionamiento de los grupos prehispánicos guían la temporalidad y distribución geográfica de la cerámica hacia la Sierra Andina del departamento de Nariño y la provincia ecuatoriana del Carchi.

Por ello, es posible definir tres estilos alfareros Capulí, Piartal y Tuza, los cuales se construyeron a partir de la decoración de las pastas. Estos fueron útiles para poder establecer un marcador cronológico, aunque no se deben olvidar la posible contemporaneidad entre ellos y, a su vez, la complejidad de contar con exámenes de radiocarbono de trabajos arqueológicos en yacimientos. Se plantea que las piezas generalmente se componen por diseños lineales y geométricos, que al mismo tiempo se intercalan con cierto orden y regularidad. Tanto es así que en algunos casos se encuentran líneas paralelas verticales, seguidas de rombos, cuadrados o triángulos, que se extienden alrededor de la obra repetitivamente, cubriendo borde, cuerpo o pedestal de la vasija. Es válido presentar las definiciones de cada estilo:

  • Capulí (400 d.C. – 1600 d.C.): se caracteriza por el uso de diseños en engobe rojo y por la representación de figuras modeladas.
  • Piartal (800 d.C. – 1100 d.C.): introduce un nuevo color en la arcilla, la presencia de un jarro alto de cuello largo (botijuela) y una especie de silbatos pintados y modelados en forma de conchas marinas.
  • Tuza (1100 d.C. – 1600 d.C.): se identifica por la presencia de un jarro alto de gran abertura que reemplaza a las botijuelas.

La historia cultural del área atribuye datos concretos para acrecentar el conocimiento acerca del proceso creativo de este tipo de cerámica. Por ello, es importante socializar la estratigrafía del terreno andino, dividido en cespedón, relleno, parda y finalmente la arcilla, capa que muestra los colores crema con vetas rojas y permite proyectar los contenidos iconográficos.

El artículo El lenguaje de las imágenes: un análisis pre-iconográfico de la cerámica precolombina del Carchi, por la antropóloga Gabriela López, permite realizar mediante los iconos una búsqueda comparativa que brinda la posibilidad de ubicar en época, región y estilo las piezas de la Colección, y nominarlas como obras patrimoniales de valor I, debido a su importancia.

Nariño-Tardío, siglos IX a XIII A.D. Altiplano Andino, actualmente Departamento de Nariño. Estilo cerámico Piartal.(Pieza: Sección de Arte Popular Colombiano. Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría).
Nariño-Tardío, siglos IX a XIII A.D. Altiplano Andino, actualmente Departamento de Nariño. Estilo cerámico Piartal.(Pieza: Sección de Arte Popular Colombiano. Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría).

Según Cardale, Plazas y Uribe (1977-78), este tipo de arte cerámico emana de la élite de la comunidad indígena, de ahí la inversión en objetos exclusivos que denotan la complejidad en su elaboración. Dicha evolución valoriza las obras que se conservan en los fondos de la Colección. Los autores describen que en la época de los Protopasto:

“Comenzaba a disminuir la producción de artículos suntuarios; la cerámica abandona la técnica negativa, reemplazándola por la técnica positiva y las formas complicadas, a su vez se populariza y generaliza el cuenco con base anular; desaparece la distinción entre cerámica utilitaria y cerámica funeraria para implantarse un mismo tipo que aparece indistintamente en las tumbas y en los sitios de vivienda”.

Asimismo, estas características argumentan el nivel de importancia que poseen las cerámicas preservadas en Casa de las Américas, y justifican el valor patrimonial, histórico, autentico y artístico.

De igual manera, hasta este momento se ha hablado de las dos primeras piezas, dígase el plato y la urna funeraria –ambos de Nariño–, pero la sección de arte popular colombiano de la Colección cuenta con un Retablo que pertenece al territorio del Quimbaya. A pesar de que esta región tenía un gran desarrollo en la orfebrería, se destacó el trabajo cerámico por su belleza, fastuosas técnicas, variedad de estilo y formas decorativas.

Los informes arqueológicos acreditan la cronología y evolución de esta manifestación que permitió dividirse en tres períodos: Marrón Inciso, Cauca Medio y Caldas. El Marrón Inciso (400 y 800 d.C.) muestra piezas gruesas, meramente utilitarias, poco elaboradas y con escasas decoraciones. El Cauca Medio (1000 a 1500 d.C.) presenta vasijas monocromas y policromas, con colores entre rojo, negro y blanco, que se realizaban no solo con motivos utilitarios, sino también decorativos, y sus dibujos de líneas revelaban un cambio estético. El Caldas (1200 y 1400 d.C.) experimentó nuevas técnicas como el enrollado, que facilitó otras formas más complejas de elaboración, además de otros motivos, iconografías y expansión de su gama de colores hacia el gris y el anaranjado.

La pieza preservada en los fondos de la Colección es una cerámica antropomorfa que pertenece a la época Cauca Medio. Se trata de una figura con cabeza cuadrangular y plana; en su frente presenta líneas de perforaciones; sus ojos y su boca están representados por delgadas líneas; su nariz es puntiaguda y grande en comparación con otras partes del cuerpo; tiene una perforación por la cual se introdujo un aro (nariguera); sus piernas y brazos son anchos y su postura se asocia a una imagen masculina, que representa algún miembro importante en la escala social y jerárquica de la comunidad. El enfoque de su nariz pudiera relacionarlo con la naturaleza ya que la forma de pico de ave dejaba claro su adoración o creencia y les permitía simbolizar el poder que ostentaban.

Tras el análisis de las piezas conservadas y preservadas en la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría de la Casa de las Américas, se puede decir que existe la probabilidad de que posean un valor excepcional, debido a sus características y procedencia. En base a los argumentos expuestos y sustentados por arqueólogos e investigadores, las cerámicas mencionadas identifican no solo una región latinoamericana, sino comunidades preincaicas que tuvieron el suficiente desarrollo para comunicar ideas, expresar formas específicas de grupos de humanos, representar determinados ambientes y espacios a través de imágenes. Así lo plantea Morales:

“… todo lenguaje y en especial el andino, precolombino, explica de alguna manera la filosofía, religión, prácticas rituales y organización política espacial, así como las variables estilísticas locales o regionales”.

Estas piezas patrimoniales de arte popular permiten aportar elementos que profundicen la lectura histórica mediante significados, símbolos y tradiciones culturales de Nuestra América.


Bibliografía

CÁRDENAS, Felipe (1998), La iconografía de la cerámica del norte de los Andes. Centro cultural del BID. conferencia.

GROOT, Ana Maria, L.P. Correa Eva Hooikaas (1976.). Estudio etnohistórico y arqueológico de la zona andina nariñense con el fin de establecer los límites de ubicación de los grupos indígenas Pastos y Quillacingas… Fundación de Investigaciones arqueológicas Nacionales (FINARCO) Banco de la República; Bogotá. (Inédito).

MORALES, Ricardo. 2003, Iconografía litúrgica y contexto arquitectónico en Huaca de la Luna, valle de Moche, en: Uceda, Santiago y Elías Mujica (eds.). Moche hacia el final del Milenio, tomo I, Siklos, Lima, pp. 425- 476.

URIBE, María Victoria (1977-78). Asentamientos prehispanicos en el altiplano de Ipiales, Colombia. Revista Colombiana de Antropología, Vol. XXI, pp. 57-196; Bogotá.

URIBE, María Victoria (1989). La arqueología del altiplano nariñense. en la región Calima”. Arte de la Tierra. Bogotá: Fondo de Promoción de la Cultura del Banco Popular.


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