Ahora me acuerdo de Puerto Escondido, de la desembocadura y la naturaleza divina. De Las Caletas y la playita de El Abra, de la cerveza fría y las noches en Peñas Blancas y Artemisa, de los paseos por el pueblo de Varadero y de mi piel con olor a sol y salitre. Esas cosas maravillosas vienen a mi mente y me ayudan a escapar del encierro. Saben a vida.

Una vida que lleva los últimos cinco meses arañando las paredes. Alegre por ratos, estresada en otros. Agobiada entre trabajo y canturreo. Ansiosa entre una comida y la otra, una cola y la otra, la tarjeta x, entre las libras que se vislumbran en el espejo y las que se pierden. Atormentada cerca de las 9 de la mañana cada vez que dan el parte. Entre la subida, la bajada. A la espera de algo que no llega.

Es entonces que esta vida loca se retuerce ante la inconciencia. Al parecer todavía no entendemos que el coronavirus mata y que si no seguimos con el debido aislamiento podemos enfermarnos.

Ayer mismo el Consejo de Defensa del municipio Boyeros informó sobre las medidas de aislamiento reforzado en los repartos Dinora y El Rincón.

Captura de pantalla a post en Facebook del periodista Lázaro Manuel Alonso

Específicamente en el foco abierto en Dinora, Rancho Boyeros, se reportaron 5 casos confirmados de COVID-19, que repercuten en un universo de 705 personas de las que se estudian sus contactos.

Este evento de transmisión surgió por una fiesta ¿Acaso hay personas autorizadas a realizar actividades de ese tipo? ¿Unos tienen más derecho que otros a escapar del encierro? ¿No se entiende todo lo que está en riesgo?

Es más importante hacer una reunión de amigos, ir juntos a un hotel o campismo que, aunque esté permitido, es un hecho que queda en la conciencia de cada cual (el autocuidado), hacer un cumpleaños, etc. Ahora la gente quiere despejar sin importar nada más y echan por tierra el sacrificio de muchos.

Cuando La Habana entró en fase 1 no hubo casi posturas conservadoras. Algunos postergaron su aislamiento y salieron por un trago, una playa en multitud, se montaron en un transporte público abarrotado; decisiones tomadas por puro gusto y no por necesidad.

Ahora, en un momento de rebrote, ponemos en riesgo asuntos más importantes como el curso escolar, la nueva enseñanza, la graduación. Tenemos el compromiso nuevamente de permanecer en casa y salir solo por lo indispensable: comida, trabajo. Pero creo que será más difícil.

Me duele ver al doctor Durán todas las mañanas en 5 meses repetitivos y de desgaste. Me duele ver a mis amistades en su vitrina de Instagram dorándose la piel en alguna playa de Cuba, me duele el bolsillo ya de tanto, me duele tener que vigilar a mi abuelo para que no salga a la calle, duele la vida.

Y dicen que ese dolor desaparecerá con la dichosa vacuna. Yo, que siempre he confiado en mi país, cierro los ojos y espero, imagino el día. Pero señores, la vacuna no significa el antídoto para esta tragedia, es la prevención. La responsabilidad social sigue siendo la salida.

Pórtate bien – Virulo & Buena Fé