Reventas en Cuba: la historia sin fin

6:30 am
Contrario a lo que reza el dicho, no siempre al que madruga Dios lo ayuda. Levantarse muy temprano, no importa si es sábado o domingo, caminar unas cuantas cuadras hasta la tienda más cercana y observar emocionado como la cola del pollo, picadillo, aceite o cualquier producto de primera necesidad, no es tan grande como acostumbra a ser. ¡Qué iluso!

  • « ¡El último! »

Quizás es la frase más común en la periferia del comercio. No solo basta saber detrás de quién vas, debes seguir el hilo de la fila unas dos o tres personas delante para no perderse entre el tumulto cuando avancen las horas. Ya solo queda esperar… esperar mucho.

8:30 am
Es la hora de apertura. Los encargados de organizar la cola se disponen a controlar a la multitud, orientan dónde y cómo ponerse. Mantener el distanciamiento social, muy importante. Algún que otro negligente con el nasobuco abajo es regañado por la policía.

Cuando todos más menos comienzan a tomar orden, te percatas cómo la mayoría está delante de ti. ¿Pero cómo es posible? Al llegar solo habían tres gatos, los cuales ahora están dispersos en un mar de nuevas caras que juran y perjuran estar ahí desde las 5 de la mañana, otros supuestamente marcaron para unos cuantos más.

Y al final, en todo el reguero de gritos, caos y gente que aparece en un dos por tres, terminas siendo el 150, si tienes suerte.

2:00 pm
Finalmente llega el camión con el/los producto(s). Después de tanta espera, comienza la venta, la cual también se puede prolongar por varias horas. Ahí empieza el conteo, de lo que alcanza y lo que no… y muchas veces, quien madrugó, con la esperanza de lograr capturar algún alimento, no fue capaz de comprarlo.

Entonces vienen los comentarios tan necesarios:

  • « Son las mismas caras de siempre » « Vienen en grupos de hasta 20 personas»

Y sí… cualquiera con un mínimo de capacidad de observación se percata de los recurrentes, de aquellos que parecen comprar víveres para un batallón y no hay quien les discuta que ese no es su lugar en la fila.

A los días, casi como una regla, están en cualquier lugar, ofreciéndote el mismo paquete de pollo, detergente o picadillo, al doble y el triple de su precio original.

La otra pandemia…

Esta historia se ha vuelto una rutina en los últimos meses. Las inmensas colas que se prolongan durante horas es una realidad en el país. Pero, para nadie es un secreto el surgimiento de los llamados “coleros” y todo el crudo proceso de reventa detrás.

El artículo del periódico Granma, El pueblo cuenta para poner a raya a los oportunistas, publicado el 1 de marzo de 2021, refiere que esta otra pandemia con rostros de personas, ha hecho «metástasis» en varios rincones de la nación, lacerando la economía familiar, se aprovecha ahora, también, del complejo escenario vivido en el país para la importación de productos.

“Un fenómeno que ha encontrado su mejor caldo de cultivo en el desabastecimiento de la red comercial, a raíz de una crisis económica mundial, agravada por la COVID-19 y que, en Cuba, impacta con mayor fuerza por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y la persecución financiera de Estados Unidos contra este archipiélago”.

Hay un mercado informal el cual ofrece una amplísima variedad de productos duplicando, triplicando y en ocasiones hasta cuadruplicando su precio oficial. Esas mercancías proceden, en su gran mayoría, de la red comercial. A juzgar por la cantidad y disponibilidad de lo que se ofrece, es evidente el descontrol de muchas administraciones, explica el trabajo de Cuba Sí, Contra los revendedores, divulgado el 3 de febrero de 2021.

Es ahí donde los revendedores se aprovechan y ponen los precios que estimen convenientes, sin reparar en la economía ajena o en las disímiles situaciones que se vive hoy en día.

El periódico Escambray da cuenta de estas actividades en su artículo ¿Cuánto cuestan en el mercado negro los productos que Cuba vende en las tiendas por MLC?, del 8 de mayo de 2021.

“Como si no fuera un comportamiento sancionable, tanto desde el punto de vista ético como legal, cuelgan en internet los litros de aceite a 250 pesos; los jabones de baño a más de 60; los paquetes de café, en dependencia del gramaje, entre 100 pesos y 1 000; y las confituras ya con los precios que sencillamente ellos determinen, que se les ocurran, porque han descubierto que algunos padres pagan lo que sea por una lata de malta o unas galletas de chocolate”, agrega la publicación.

Valga la aclaración que estos precios no solo se aplican a los productos de las tiendas en MLC; las TRD, Cupet y el resto de los establecimientos de venta, también son punto fijo de los acaparadores.

Pero la especulación ya no solo se limita al espacio físico tradicional, los revendedores han tomado las redes para ejercer su negocio.

Revolico se ha posicionado como uno de los principales sitios de anuncios de clasificados en Cuba. Pero a la compra-venta de los más disímiles productos en esta página, ahora también se suman los bienes que son acaparados en las tiendas.

Los anuncios muestran insolentemente alimentos de primera necesidad con precios adulterados a niveles alarmantes.

Acceder al mercado informal en busca de comida o aseo no solo es cuestión de aquellos que quieren evitar las colas por comodidad. Muchos trabajadores no cuentan con el tiempo suficiente para esperar 5 o 7 horas para poder comprar los víveres del hogar.

Si a ello le sumamos, que con una sola cola no basta para abastecer la casa con todo lo necesario, los días dedicados a esta faena se multiplican.

Otros como embarazadas, padres y madres con niños pequeños, personas con familiares enfermos, etc. se ven en la necesidad de pagar a sobreprecio aquello a la que muchas veces no pueden acceder en las redes de tiendas.

No solo en el sitio de Revolico se publican este tipo de anuncios, en sus diversos grupos de Facebook también es común encontrar reventas de alimentos e incluso de equipos electrodomésticos con altos precios.

Los oportunistas, en la conquista del espacio virtual, mantendrán los exorbitantes costos de los productos; el ciudadano de a pie que va a la tienda y hace su cola, a veces no podrá comprar por el extenso acaparamiento de los revendedores y entonces, tendrá la necesidad de comprar en el mercado informal con precios muy por encima del original. Esta parece ser la historia sin fin…

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