Deporte

Sabor a béisbol

Un 14 de enero de 1962 comenzó a jugarse la primera Serie Nacional de Béisbol en Cuba. Desde entonces ha llovido y el béisbol, a pesar de que pasa por uno de los peores momentos de su historia, sigue moviendo las pasiones de quienes nacimos en esta isla del Caribe.

Allá por los años ‘60 del siglo XIX llegó a este país el juego de pelota y lo prohibieron los españoles por considerar que servía para encubrir actividades conspiratorias. Algunos, de tanto entusiasmo que generaba el deporte, se marcharon a jugarlo en Estados Unidos y tuvo que ser un cubano, Esteban Bellán, quien se convirtió en el primer latino en aparecer en las grandes ligas.

El arraigo quedó sellado oficialmente en 1874, en el Palmar de Junco de Matanzas, cuando los locales cayeron 51-9 ante un equipo de La Habana. Cuatro años más tarde se creó la Liga Profesional Cubana de Béisbol y los periódicos de mayor relevancia en el país reseñarían por décadas las hazañas de los Alacranes de Almendares, los Tigres de Marianao, los Leones de La Habana, los Elefantes de Cienfuegos, entre otros.

Títulos internacionales eran conquistados por equipos cubanos y nombres ilustres como los de Martín Dihígo, José de la Caridad Méndez, Adolfo Luque y Orestes Miñoso encumbraron las cuatro letras de Cuba en lo más alto e inundaron el imaginario popular.

La situación político social cubana provocó el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959. Los cambios se dieron en todo. Hasta en la pelota. En poco tiempo se eliminó el torneo de carácter profesional y surgió la Serie Nacional de Béisbol. Desde entonces y hasta nuestros días, la pelota se ha reafirmado como sello cultural de la nación.

Fue así como comenzaron las leyendas de los Industriales, los Azucareros, la aplanadora de Santiago de Cuba, los bates potentes de Antonio Muñoz y Orestes Kindelán, la maestría de Omar Linares o la magia alrededor de la segunda almohadilla gracias a las combinaciones de Germán Mesa y Juan Padilla. Estadios en todo el país. Estadios llenos.

En la arena internacional decir Cuba era sinónimo de victoria: 25 títulos mundiales, tres medallas de oro olímpicas, 11 Copas Intercontinentales y el subtítulo en el primer Clásico Mundial de Béisbol, imponiéndose ante profesionales de las Grandes Ligas de los Estados Unidos, así lo acreditan. Sin embargo, la realidad posterior no ha vuelto a ser tan feliz.

Relegados a posiciones inimaginables en eventos de envergadura y con un torneo nacional que ha perdido mucho en calidad, el béisbol aún es capaz de llamar la atención de los cubanos. Porque su jerga está en nuestra forma de hablar, porque en el estadio se manifiesta toda la cubanía y porque, aunque Messi anote el gol de año y el Real Madrid gane la Champions, siempre hay al menos una esquina en la que salen los temas relacionados con la pelota.

Siendo así queda la esperanza de regresar a los planos estelares, pues demostrado está que los peloteros cubanos tienen calidad y lo vemos a diario en las mejores ligas del mundo. Hay que mirarnos más adentro y cambiar para bien. La pasión de la pelota todavía vive, contra toda adversidad, y por respeto a una historia de más de un siglo no debe dejarse morir en un lugar que, por todos lados, desborda, como dice la canción, sabor a béisbol.

Deja un comentario