Hace cuatro meses la COVID-19 llegó para cambiar al mundo, le dio a cada vida un vuelco de 180 grados, cambiándole ritmos y estilos. También trajo miedos, incertidumbres, soledad, modos de quererse de lejos, impaciencia. Han sido meses de lucha constante por la vida en la que ni razas, credos, preferencias sexuales o status han podido interferir, pero se han convertido en tiempos donde la esperanza ha cobrado fuerza y la especie humana ha tenido que repensar cómo será el futuro en lo adelante.

Estas también han sido las esencias que ha querido registrar Selfies. Rostros en la pandemia, miniserie documental dirigida por el cineasta Arturo Santana, estrenada el pasado 15 de junio en redes sociales como Facebook y Youtube y en espacios televisivos como la Mesa Redonda. La obra, de momento, ha llegado a su fin luego de 15 capítulos donde cada historia ha contado las disímiles circunstancias que han atravesado muchos cubanos durante la COVID-19.

Santana, quien además ha dirigido los filmes Bailando con Margot (2015) y Habana Selfies (2019), conversó con Qva en directo acerca del reto que ha constituido este nuevo proyecto, concebido en medio de una pandemia cuya presencia sigue siendo una amenaza para todo el orbe.

¿Cómo surge la idea de Selfies. Rostros en la pandemia?

“Pasé por el ICAIC, más o menos cerca del período del pico de la pandemia a saludar y para que, si me necesitaban para algo, contaran conmigo. El presidente Ramón Samada me preguntó qué estaba haciendo y me dijo ʻhace falta hacer algo que recoja todo lo que está sucediendo, que ofrezca esperanza, que sea un rescate para todos, que demuestre que existimosʼ y le dije que estaba encantado y que lo deseaba realmente”.

“El reto en sí era inicialmente el tema del destino de los materiales. Sabía que estábamos hablando de una suerte de documental, quizás testimonial, pero como el destino eran las redes sociales había que ser muy cuidadoso acerca de la duración, dramaturgia y encuadre. A partir de ahí surgió el primer reto a cumplir, o sea, crear una suerte de discurso para las redes sociales, que tienen características muy específicas”.

La hibridación de géneros ha sido una constante en la obra de Santana. Selfies no es la excepción porque ha conseguido una mezcla efectiva entre estructura, elementos expresivos, reiteración en sí misma y con la síntesis y el lenguaje del clip, el spot publicitario y el documental testimonial. Para este realizador, la miniserie ha sido –según él mismo sentencia– “como bailar en casa del trompo, porque en el ICAIC tratar de crear algo en torno al género documental es súper peligroso o puede ser reiterativo; allí está la escuela cubana documental de los sesenta y hay muchos referentes”.

“Con esto y dos preguntas que busqué fueran comunes para todos me tracé la vía de ofrecer lo que me estaban pidiendo, pero también terminé una película hace menos de un año, Habana Selfies, donde habían selfies o autorretratos de personajes, situaciones en la ciudad y me pregunté cómo estarían personas de toda índole en esta ciudad y de ahí entonces la idea de buscar un arco lo más amplio posible para que lo mismo nos apareciera un campeón olímpico, un artista o un barredor de las calles porque todos estamos bajo el mismo riesgo, bajo el mismo miedo, la misma prevención”.

Así nació la miniserie documental Selfies. Rostros en la pandemia, asevera Santana, siendo esta, en buena medida, la continuidad de su Habana Selfies y que funciona dentro de esta franquicia cubana habanera en la que se halla inmerso.

“Quiero que sea un poco la premonición o el intro de mi segundo volumen de Habana Selfies –confiesa a modo de adelanto sobre su próximo proyecto– y quiero probarlo con esos mismos personajes, pero con historias de amor durante la COVID”.

Has recogido testimonios, tanto de rostros conocidos del cine y la televisión como de cubanos comunes y corrientes. ¿Cómo lograr que aquellos con determinado reconocimiento social se nos presenten como gente común y a la inversa, que un taxista, un ama de casa o un limpiador de calles se convierta en un ser extraordinario?

“Para mí todos eran extraordinarios y sencillos porque el género humano, como dice Fernando Pérez en la serie, es muy frágil y como dice otro personaje dentro de la serie también, esto es como un alfa y omega, un comenzar otra vez de la humanidad, por así decirlo. Para mí todos son especiales, todos son extraordinarios porque todos, ellos y nosotros, estamos ante el riesgo inminente de la muerte y el miedo”.

¿Cómo recibieron este proyecto tus entrevistados, incluso los menos conocidos?

“Mis protagonistas lo recibieron de un modo muy gallardo y sencillo. Fueron preparados por mis asistentes y mi productora; también a través del trabajo que tuve de cerca con el editor y el fotógrafo a quienes les di mis intenciones. Ellos aceptaron el acercamiento, se sintieron útiles y que podían transmitir lo que sentían y eso es muy importante”.

Haces dos preguntas: “¿Qué has aprendido de la pandemia?” y “¿Qué harás cuando te salves?” ¿Por qué insistes solo en estos aspectos?

“Son lo fundamental, desde mi punto de vista, porque todos hemos estado confinados pensando sobre defectos, virtudes, errores, victorias; qué experiencia hemos podido sacar de todo esto y qué uno ha aprendido. Mucha gente ha aprendido y no solo es aprender un oficio o una profesión o algo teórico, sino enseñanzas humanas y existenciales. Naturalmente, uno siempre piensa, con la esperanza a flor de piel, cuando salga de todo esto qué haré, cómo seré, hacia dónde iré. Son preguntas de una intención universal para todo esto. Pensaría lo mismo un francés o un australiano”.

Se dice que una crisis, generalmente, trae consigo una oportunidad ¿Consideras que las circunstancias en que aún nos vemos envueltos por la pandemia han sido, de algún modo, tu oportunidad para crear y contar historias conmovedoras?

“Quizás. Yo sencillamente hice lo que me tocó hacer en cada momento. Me presenté por si me necesitaban y al parecer sí; ofrecí lo mejor de mí y también transmití mi inquietud, mi miedo, mi esperanza. Fue una oportunidad única, por lo menos en buen tiempo, y tenía que aprovecharla porque todos esperábamos que algo sucediera y que alguien se acordara de nosotros”.

Como en tu filme Habana Selfies retomas la idea de que el protagonista de cada historia se tome una selfie al final ¿Por qué? ¿Lo usas como un sello personal con el que fácilmente se pueda distinguir tu trabajo del de otros realizadores?

“Estoy tratando de crear una suerte de saga o franquicia. En Cuba no se hacen remakes, no hay franquicias ni sagas. Nuestro cine es totalmente subvencionado –subraya Santana, hablando en términos de mercado–, pero esas recetas se pueden asumir y estoy tratando de crear una, de que Habana Selfies sea una franquicia nuestra, cubana y habanera”.

“Una selfie para mí significa un autorretrato digital y en la era actual un autorretrato no es otra cosa que mirarse al espejo y aquí mis personajes se miraron al espejo, como lo hicieron en mi película y se mirarán en el volumen II que quiero hacer”, asegura.

Selfies estuvo destinada, inicialmente, para las redes sociales, sin embargo, ha conseguido expandirse hacia otros espacios como el de la Mesa Redonda, por ejemplo ¿Esperabas que alcanzara tal magnitud? ¿Qué sientes al saber que quienes no tienen acceso a las redes sociales también han podido disfrutar de la serie?

“La esencia eran las redes sociales, pero, al parecer por la aceptación o por la funcionalidad del discurso de la miniserie en la televisión, la tomaron, entre ellos la Mesa Redonda. No lo tenía planificado. Por supuesto, les agradecí a todos; era importante porque mucha gente no va a las redes por determinadas razones, ya sea su edad, economía o hasta su ideología”.

La respuesta de Santana está, simplemente, en la obra. “He tenido otras obras que no se han puesto en la televisión, no han tenido esa trascendencia, por tanto, este ha sido uno de mis grandes aprendizajes porque todo lo que hago trato de hacerlo y entregarme al máximo. Para mí no hay obras menores, pero de todos modos esto sucedió por la coincidencia de varios factores ocasionales. La obra fluyó sola hasta allí; alguien la vio y la hizo difundir, lo que fue mucho más positivo porque mucha gente no va a las redes”.

Selfies… ha sido durante sus 15 capítulos una serie reveladora de lo que significa la lucha constante por la vida, la fe y la esperanza que cada cubano deposita en su futuro. ¿Habrá nuevas selfies para contar el tan ansiado regreso a la normalidad definitiva?

“Sí. En cuanto a este formato estoy tratando de levantar otra continuidad, quizás con otra vía, pero el enfoque y la estructura serían más o menos los mismos. Quisiera que los personajes continuaran su decursar e, incluso, añadir otros; hay posibles héroes anónimos de todo este fenómeno y vale muchísimo la pena registrarlos y hacerles esas preguntas. La idea está a punto de salir”, dice sumando nuevas confesiones.

¿Qué te llevas, desde el plano personal, de todas estas historias?

“Me han preguntado también qué he aprendido. Estoy aprendiendo exactamente lo que les ha pasado a mis entrevistados y coincido con todos ellos. Yo aprendí lo que ellos y voy a hacer lo que ellos: no es otra cosa que vivir y hacer lo que me toca”.