Talla cero

Por Alejandra García

Desde que fue lanzada al mercado el 9 de marzo de 1959 se ha convertido en la mejor amiga de las pequeñas de casa y aún a los 61 años conserva su glamour.

Su caucásica figura capta la atención del público infantil desde las vidrieras de las tiendas hasta las películas tridimensionales que protagoniza. Además, posee una revista, ropas, libros, videojuegos, todo el paquete publicitario.

Ha recibido honores bastantes raros. En 1974 una sección de Times Square de New York pasó a llamarse durante una semana Barbie Boulevard y en 1985 le dedicó una pintura el artista Andy Warhol.

Pero no todo es color de rosa para la “modelo adolescente a la moda” fabricada por la compañía norteamericana Mattel, pues ha sido objeto de controversias y demandas. Nada extraño si pensamos en la parodia que conlleva esta muñeca y su estilo de vida.

El problema no recae solo en el hecho de querer ser popular y vestir como ella, sino en que promueve la idea poco realista de la imagen corporal de una mujer joven. A la larga ello causa severas consecuencias, pues las pequeñas tratando de seguirlas se convierten en anoréxicas y bulímicas muchachas imitadoras de un juguete.

Basada en la escala humana una Barbie estándar posee una altura de 1.75 m y sus medidas se han estimado en 91 cm de busto, 46 cm de cintura y 84 cm de caderas. Según una investigación del Hospital Universitario Central de Helsinki, Finlandia, dichas medidas carecerían del porcentaje de grasa corporal para que una mujer menstrúe.

Tal parece que las gorditas no son parte de este planeta. Todas las Barbies poseen figuras estilizadas, y si alguna tiene piel morena, que olvide ser la protagonista del cuento de hadas.

Puede catalogarse como la “aventurera incansable”. Se estima que se han vendido más de mil millones. El público infanto-juvenil resulta el cliente más adicto, pero actualmente se ha convertido en centro de atención de muchos coleccionistas que dan millones por la diva en miniatura. Curiosamente,Johnny Depp, el reconocido actor, es un voraz coleccionista de Barbie.

Puede ser una Barbie Fun Kitty o una Barbie Fashion Fever, al final genera el mismo impacto. Los padres adquieren la muñeca con menoscabo de su patrimonio y sus hijas se deleitan con la magia dúctil, donde los sueños se vuelven realidad y triunfa quien ostenta el canon de belleza del siglo XXI.

Luego sucede lo inevitable, mérito a la óptima publicidad que les vende a sus heroínas. Ahora tenemos una serie y no precisamente de juguetes, sino de muchachas tontas, vacías y plásticas con diseños de Calvin Klein y sus vómitos incontrolables.

¿Quién dijo que el mundo real es perfecto y que a todas las chicas les queda la talla cero?

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