Cultura, El peregrino

Te vi, Polito

El otro día, caminando por La Habana –como dice Raúl Paz–, me encontré con Polito. Se hizo el cegato… pero no importa. Pensó que por tener gafas y nasobuco no lo reconocería… Acere, usted es una marca y, además, con esos pelos… si se hubiera puesto una gorra tal vez hubiera dudado, pero no, tenía la pelambre como siempre, en su punto, a lo Polito, quizás un tanto más recortada de lo tradicional, pero Polito al fin.

Andaba con un misterio del carajo, por eso no le dije nada. Aunque no sirvió, porque sé que me viste, caballo. Y yo, al igual que tú, a pesar del nasobuco, tenía los pelos a la vista. Para más facilidades, andaba sin gafas y esta geta, brother, modestia aparte y particularidad incluida, fácil, lo que se dice fácil, no se olvida.

 Pero normal, veo. Yo sé que uno todos los días no está para saludar y mucho menos cuando anda matando alguna jugada. Creo que te dio pena y te entiendo. Yo también ando así a cada rato, aunque claro, tengo mi fama, se me conoce, pero no a tu level y, si te hablo de corazón… es como tú dices en la misma canción esa con Raulito –mala mía, salvaje, por meterte en esta talla también–, “Cada cual se parece a lo que lleva dentro”. Y ese día a saber lo que llevabas dentro tú.

Entrabas a un solar, yo sé que te gusta nutrirte de la “baja” cultura a pesar de que te hagas el fino cuando cantas. Pondrás cara de bohemio y lo que quieras con la guitarrita, echarás un tanto para atrás el torso y la cabeza con las notas altas, pero casi podría jurar que de vez en cuando no te molesta tomarte un trago de ron malo.

Y allí entraste… no sé si a comprar una caja de cigarro, una tarjeta propia, nauta, de celular o a consultarte. No sé si a recoger un paquete, comprar MLC, dar un recado, pedir ayuda o visitar un primo.

Al final tengo que agradecerte, porque iba medio preocupado y con el miedo a aquello –que también dices– de que el cariño, un gran sueño y el hombre mismo se nos vaya apagando, “Sin inconveniente te irás apagando…” Y cuando te vi, me olvidé de toda esa mierda y dije: ¡Contra, Polito!

Entonces, caballo, bajito para que nadie me oyera, puse la voz lo más aguda y ronca que pude comencé a cantar.

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