«Yo me estaba pelando, era un domingo normal, empezamos a ver por las redes sociales videos de las protestas en San Antonio y otros lugares. Hablé con algunas amistades lo que estaba sucediendo y comentamos que iba a suceder también en La Habana, en Obispo».

«Un colega médico y yo decidimos salir para la calle Obispo. Nos reunimos en la parada y cogimos un carro hasta allí. En el trayecto las personas hablaban del tema y muchos esgrimían estar a favor o en contra. Llegamos y el clima era raro, no había demasiada gente, pero sí policías en cada esquina. Caminamos buscando dónde se gestaban las protestas y no vimos nada. Al transitar, en el televisor de una casa, oímos que decían que el asunto se desarrollaba en el malecón. Fuimos para allá y por el camino no vimos aún las protestas, ni cuando llegamos al malecón».

«Nos dijeron que posiblemente las protestas se dirigían hacia el capitolio y nos dirigimos. Observamos una marcha de personas que se llevaba casi dos cuadras, decían consignas de todo tipo, algunas muy comunes como “el pueblo unido jamás será vencido”, “no nos vencerán”, “no tenemos miedo”, cosas así y otras más vulgares».

«Caminamos con esas personas y fue increíble porque en gran parte sí era espontáneo. La gente nos encontraba por la calle y se sumaba, personas de los edificios aplaudían y tocaban las cazuelas».

Cortesía del entrevistado

«La multitud salió por el Prado hasta el Capitolio. Ya casi llegando se acercaron tres o cuatro policías con una persona (pensamos que era Díaz-Canel, pero no). Después una guagua se atravesó en el medio de los manifestantes (luego se retiró) y se produjo un pequeño altercado con la ley. Algunas personas se detuvieron y regresaron, pero otros continuaron estimulando la protesta y gritaban: “No tenemos miedo”. Hasta ese momento todo había sido bastante pacífico. Confluían gente de todo tipo: niños, jóvenes, extranjeros, ancianos. Era algo bastante diverso».

«Frente al hotel Saratoga la marcha se hizo más gruesa y llegaron carros de policía. La gente gritaba sus consignas. A la media hora, había un pequeño grupo de personas afines a la Revolución con carteles y nadie los atacó (quizás se dijeron cosas verbalmente, pero no se golpeó a nadie)».

«Cuando iniciaron los problemas me separé de mi compañero (el cual después me enteré, estuvo un día detenido). Él sí estaba más adentro y yo afuera, más separado de los manifestantes. La policía se llevó alguna gente presa, me pareció que con cierta violencia en algunos casos (también las personas se resistían). No entendía porque detenían a algunos, si nadie había tirado una piedra y no se había roto nada.

«El panorama pintaba de película. En un momento no éramos más de cien personas y luego acudieron un montón de gente de todos los lugares, incluso con banderas cubanas. Venían de cualquier calle marchando en apoyo. En unos minutos, la protesta se hizo bastante grande».

Cortesía del entrevistado

«Ahí pasó tiempo, entre consignas y altercados con la policía. Llegaron después más oficiales, que no estaban reprimiendo, no vi una represión como tal o una intención de disipar la protesta, pero sí estaban deteniendo personas».

«Nos quedamos frente al Capitolio, no hay un lugar más céntrico para manifestarse. Había mucha gente curiosa, otros estaban comprometidos con la causa, se comentaba mucho sobre las razones. La mayoría hablaba del descontento».

«Algo que me impactó fue la cantidad de personas hablando de Fidel, de que él no hubiese permitido que eso sucediera. Qué cuando hubo protestas en los noventa Fidel se presentó, etc.…»

«Mientras estuve nadie habló de intervención o de Estados Unidos. Había personas que no tenían razones muy claras, pero creo que la mayoría eran de pueblo, con deseos de expresar lo que sentían. Mi amigo me contó que lo sucedido respondía a que la policía cargaba con los que se separaban del grupo, pues en grandes aglomeraciones no se metía. Si te veían gritando consignas y luego te alejabas un poco forcejeaban contigo y te llevaban preso».

Cortesía del entrevistado

«Después estaba un poco separado tomando fotos y había mucha gente hablando que Fidel hubiera enfrentado mejor la pandemia, que Fidel hubiera estado ahí, que a Fidel se le respetaba y con él nadie se hubiese atrevido a protestar, entre otras opiniones».

«También había muchos comentarios de cómo sería el futuro, lo que sucedería y hasta dónde llegaría la cuestión. Nadie sabía, pero todos concordaban en que esa protesta era un hecho histórico sin precedentes en Cuba».

«Estaba conversando con una persona sobre la experiencia de formar parte de la historia y que, quizás, dentro de cinco años, alguien nos comentaría sobre el 11 de julio. Podría decir “estuve ahí y fui parte de eso”».

«Creo que sobre las protestas hay muchas cosas mal manejadas por las dos partes, cada cual intenta defender su punto de vista. Del lado del gobierno cubano, han intentado presentar que todas las protestas fueron generadas por vándalos y gente de baja calaña».

«Sé que en otros lugares ocurrieron hechos vandálicos y mucha gente se aprovechó. Estoy completamente en contra, (pero) creo que es un derecho civil protestar siempre que sea de forma pacífica. Se hace en el mundo entero, organizadamente y por lo que se cree correcto».

«Dónde yo estuve, y hasta dónde vi, nadie se fajó, ni tiró piedras».

«También desde afuera han manipulado los hechos para tratar de estimular la violencia. Muchas personas, como yo, nos sumamos para que se viera que existe un pueblo afectado por diversas razones. La idea era demostrar que hay un descontento real y legítimo».

Cortesía del entrevistado

«Yo salí alrededor de las tres de la tarde y regresé a eso de las siete. En el camino venía solo porque a mi compañero no lo vi más. Iba en un almendrón y sobre la línea del tren que divide Diez de octubre de Arroyo Naranjo venía una protesta súper violenta, “violentísima”».

«El chofer estaba contando sobre disparos y piedras. Los carros daban la vuelta. Había una mujer con un niño y la recogió: “Monten, monten que lo que viene por ahí no es fácil”. La gente tirando piedras y palos, súper diferente a lo anterior».

«En ese momento estaba en pánico. Las personas se veían muy asustadas, no sabían cómo llegar a sus casas, porque todo resultaba más violento. Llamaban avisando a sus familiares que no salieran a la calle. Pasamos frente a una oficina del Partido y estaba llena de policías, con un ambiente bastante raro y temíamos hasta dónde podría llegar aquello».

«Me hubiese gustado estar más tiempo porque he visto pocas fotos y videos de la protesta en la que estuve (no sé después que me fui que habrá sucedido), pero por la televisión nacional, las que más han mostrado, han sido las violentas. Yo tengo, como muchos, descontento con varias cosas. Entiendo lo que nos sucede, conozco sus factores externos como el bloqueo, pero sí me parece que desde dentro hay manejos inadecuados y las cosas podrían mejorar».

«Siempre he defendido que el hecho de protestar no es malo. No estar de acuerdo con un proceso no te hace una mala persona, porque todo es perfectible. La manera de gestión de este gobierno también lo es. Se debe escuchar al pueblo».

«Suceden cosas y nos damos cuenta, lo conversamos con la familia y amistades. Después vemos algo completamente opuesto en la televisión y no comprendemos. No creo que muchas veces se tengan en cuenta las inquietudes de las masas. La protesta pacífica es parte de esa forma comunicativa con el gobierno».

«Yo fui porque quería ver todo por mis propios ojos, no quedarme al margen. Me interesaba formar parte de eso que creo ya es otro capítulo en la historia de nuestro país».

«No vi un liderazgo, ni gente pidiendo nada en concreto, ni con un programa. No había protestas contra algo específico, la acción era demostrar que estábamos descontentos. Aunque a veces se reconozca que hay carencias, queda todo en el aire. Si lo ves por la televisión pareciera que las cosas no están tan mal porque se presenta todo muy sutil. Hay gente sin alimentos, sin medicamentos (me toca muy cerca el tema porque soy médico)».

No es algo de tres días, hace bastante tiempo que diversas cosas se están manejando incorrectamente. Llega un momento en que al pueblo no le interesa la causa, solo demostrar que se siente mal y hacerse escuchar. Considero que es su derecho.

«Lo que quiero es un cambio en la política del sistema, podría seguir siendo socialismo, pero con varios cambios. Abogo por una mayor participación de los privados en la economía del país. Creo que muchos de nuestros problemas podrían resolverse sin miedo al sector privado, que al final genera ganancias y empleo. Abogo por una mayor libertad de expresión, porque las personas en cualquier ámbito expresen varios puntos de vista. Defiendo una mayor apertura a la inversión extranjera, tenemos que perder el temor a lo diferente».

«Por supuesto, reconozco las ventajas de este sistema. Son reales y buenas, pero no podemos quedarnos estancados, hay que progresar. El mundo está cambiando y no podemos ser una burbuja. Estoy a favor de demostrar si hay descontento siempre que sea de forma pacífica, cívica y organizada».

«Los días posteriores los viví con miedo e incertidumbre. No había cometido ningún delito. Sin embargo, comencé a escuchar que se estaban deteniendo participantes, no esperaba que me pasara, pero tenía la duda. No sabía si seguirían las protestas, también estaba el tema de la intervención. Sí, tenía mucha ansiedad por lo que fuera a suceder y por la violencia».

«A pesar de que se puede condenar la violencia, había montones de personas que no eran delincuentes. Se debe reconocer la existencia de muchos descontentos. No intentar pretender que no se trataba de una reacción social y que todo estaba orquestado. Eso sucedió espontáneamente. Puede que otros elementos se hayan aprovechado para meterle leña al fuego, pero no fue la razón fundamental».

«Pude hablar con mi compañero como dos días después, lo llevaron para Zanja y estuvo una noche, no lo golpearon ni le hicieron nada».

(Testimonio de un joven médico cubano)