Julio 20, 1969. Tres pilotos. La misión Apolo 11 intentaba descifrar una incógnita de años: la Luna. Un día después, el comandante Neil Armstrong dejó las primeras huellas de calzado de un ser humano en el satélite terrestre. Minutos más tarde lo hizo Buzz Aldrin, mientras Michael Collins giraba alrededor del cuerpo celeste en un módulo de mando.

Esta tríada cumplía con el encargo de recopilar material espacial e imágenes para su estudio posterior en Tierra. A la vez, realizaban la añorada visita al astro plateado que mitos, leyendas y literatura fabularon siglos antes. Poner los pies en la Luna fue un hecho, pero también una metáfora que posicionaba al finalizar la sexta década del pasado siglo las metas de los seres humanos un poco más altas. Lo “imposible” se hizo realidad.

Los navegantes espaciales al llegar a casa tenían otras miradas del lugar donde habían nacido. No podían olvidar que, desde lejos, la Tierra se veía muy frágil, tan inestable. Era 1969. Aún no podían avizorarlo todo.

Julio 20, 2020. Tierra. Cuba. La Habana. Arriba un avión en la Terminal 5 del Aeropuerto Internacional José Martí. Dentro: 38 colaboradores de la salud. Llegan de Turín luego de permanecer tres meses en el enfrentamiento a un enigma de meses extremadamente poderoso: la COVID-19.

La brigada, integrada por 20 médicos y 18 licenciados en enfermería, no recolectó más que vidas. Ciento setenta pacientes salvados y el agradecimiento de Piamonte e Italia toda venían en la maleta de regreso a su natal país. Cumplieron con uno de los deberes más elementales de ser cubano: la solidaridad.

Y quizás, cuando lleguen a casa, también verán el entorno con otros ojos. Tener cientos de vidas en sus manos y rebasar fronteras, miedos y una pandemia son experiencias que ameritan cambios.

Un viaje a la Luna y un viaje a otro continente pueden tener similitudes. Armstrong y su tripulación tenían nociones de un satélite aislado, pero aun así les era desconocido. Los miembros de la brigada “Henry Reeve” llegaron a un país estrella, nación de amores y arquitectura, sin saber que pocas horas después Turín, la ciudad que se dispusieron a ayudar, sería la segunda región más infestada del nuevo coronavirus en Italia.

¿Otro paralelismo? La vida de Neil Armstrong, quien luego del Apolo 11 se apartó de la fama, devino en rumores que acababan con el éxito de su misión. Nuestros galenos, al regresar con la satisfacción de ser útiles donde fueron necesarios, hoy se enfrentan a acusaciones de malintencionados capaces de degradar su imagen a “esclavos”.

Pese a ello, el personal cubano de la salud lleva bienestar en tiempos de pandemia a los más recónditos lugares del mundo donde lo solicitan y también a las afamadas Milán, la ciudad siempre al tanto de la moda, y Andorra, país que asume una crisis sanitaria por estos días.

Llegada de los colaboradores cubanos de la salud procedentes de Turín, Italia. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate

Julio 24. Ya no de 1969, sino de 2020. Los cubanos demuestran que todos los héroes no van y vienen de la Luna. Tampoco son los trajes espaciales el vestuario en las portadas de la prensa. Años atrás, estarían en las primeras planas rememoraciones de los astronautas estadounidenses. Hoy, con una vestimenta similar, aparecen los galenos.

La llegada a la Luna fue un acontecimiento. Quizás hoy no desciendan de un avión las batas blancas. Sin embargo, el suceso será el cumplimiento de su labor. Misión: salud. Objetivo: Tierra. “Un gran paso para la humanidad”, como diría Armstrong.