Una lluvia vespertina los despidió en el Aeropuerto Nacional José Martí en La Habana. Eran las 6 y 20 de la tarde del 3 de junio del 2020 cuando el avión en el que iban 85 integrantes de la Brigada Henry Reeve despegó. El destino: Perú. La Covid 19 estaba monopolizando los territorios andinos y los “héroes de capa blanca” partieron para desterrarla o, por lo menos, combatirla.

Uno de ellos parecería contar su historia como una travesía impregnada de aventuras; pero esconde, en realidad, un centenar de cuentos tristes, relatos que parten el alma, recuerdos ponzoñosos y, al mismo tiempo, vívidas experiencias y semblanzas para dejar boquiabiertos a quien sea.

Es la historia en la voz de Mario Héctor Almeida Alfonso, el médico, el que la misión a Perú lo sorprendió como a muchos otros y, a pesar de la incertidumbre y el temor, se puso la bata y enfrentó el miedo a lo recóndito.

Mario Almeida es uno de los integrantes de la Brigada Henry Reeve que partió a Perú a enfrentar la Covid 19. Foto: Cubahora

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Primero Chimbote. Cuando llegaron fueron destinados a trabajar en el hospital La Caleta, o el de los pobres, como lo conoce la población chimbotana. Tres meses y medio allí. Luego en Huaraz, en la provincia de Áncash desde el 16 de septiembre hasta la fecha. El trabajo no termina. Aún queda mucho por hacer.

¿Momentos difíciles? Por supuesto. “Salir de casa, montarte en el avión, llegar a un país desconocido, adaptarte a su forma de trabajo… El primer paciente, el primer fallecido, el compañero que tuvo una dolencia y hemos tenido que atenderlo pensando siempre que era Covid 19 hasta que se demostrara lo contrario y temiendo por nuestra propia salud”.

¿Inconvenientes? De más está decirlo. “La continua adaptación a las diferentes condiciones de trabajo, el clima, la convivencia. Las malas decisiones tomadas por otras personas que han repercutido en nuestra labor. La prensa, que inicialmente fue muy hostil, no nos dejaba trabajar. La desinformación que confunde, irrita, crea malestar”.

A pesar de todo, Mario Almeida pudo también saborear sus victorias, celebrarlas: más de 200 vidas salvadas y el agradecimiento de los recuperados y sus familiares. “Cada una de ellas ha sido una experiencia única, el resultado del esfuerzo común. Por eso resulta conmovedor ver las muestras de cariño, la humildad con que dicen: gracias”. Es más que suficiente.

Almeida afirma que los mejores regalos son el agradecimiento y las muestras de cariño de los pacientes. Foto: Cubahora

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Dicen que de las peores (o mejores) experiencias siempre se pueden concebir historias y escribirlas para conservarlas, para no dejarlas morir. Diario de un médico cubano en Perú es el resultado de la necesidad de Mario de compartir lo que veía, lo que escuchaba, lo que sentía. Desde junio estas crónicas se publican en la revista digital Cubahora. Gracias a ellas podemos sentirnos más cerquita de la vorágine pandémica que se vive en Perú.

¿Cómo surge la idea de crear Diario de un médico cubano en Perú?

“Siempre me ha gustado escribir y desde la Unidad Central de Cooperación Médica (UCCM) comencé a realizar algunos apuntes, pero nunca imaginé lo que sobrevino después. Tener un hijo estudiante de Periodismo al cual le envié mis primeros escritos y que tan gentilmente Cubahora me publicó, propiciaron su génesis. Ese fue el inicio de algo que se ha ido perfeccionando y creciendo, pero que sobre todo disfruto mucho hacer”.

Pudiera parecer que un médico que va de misión y tiene tanto trabajo no dispone de muchas horas para escribir. Pero como dice Almeida “el tiempo se hace”. ¿Y las ideas de dónde surgen? Pues de lo que sea, “cuando voy a escribir sobre algo investigo, leo, pregunto a las personas que forman parte de una historia, tengo los ojos abiertos a tal punto que cuando estamos en un grupo y alguien comenta algo interesante, mis colegas saben que si comienzo a indagar es porque voy a intentar escribir sobre eso”.

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Aunque por el trabajo y las condiciones de la misión el tiempo para salir a conocer es casi imposible, asegura que la interrelación con los médicos, enfermeras y enfermeros, personal de servicio, pacientes y familiares le es vital para conocer sobre esa gran nación.

La interrelación con los peruanos le ha llevado a crear Diario de un médico cubano en Perú, una serie de crónicas que se publican en Cubahora.

“¿Sabías que Antonio Núñez Jiménez fue embajador de Cuba en estas tierras andinas y realizó aportes increíbles a su cultura? Sobre eso tengo aún que escribir”. Dice y me doy cuenta de que a él de verdad le apasiona contar historias.

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Mario Almeida ha tenido otras misiones pero esta es su primera como parte del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve. La personificación del humanismo y el internacionalismo. La brigada solidaria y valiente. La que creó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz tres lustros atrás, el 19 de septiembre del 2005, cuando un huracán categoría cinco recorriera el sur de los Estados Unidos y el entonces presidente de Cuba ofreciera la ayuda de los galenos a esa nación y nunca recibiera respuesta.

En su creación, el líder histórico de la Revolución cubana manifestó que “había que formar los médicos que requieran los campos, las aldeas, los barrios marginados y pobres de las ciudades del Tercer Mundo, e incluso, países inmensamente ricos como Estados Unidos”.

El Contingente Henry Reeve fue creado por Fidel Castro en el 2005 y desde entonces ha salvado miles de vidas en todo el mundo.

Guatemala, Pakistán, Indonesia fueron las primeras naciones auxiliadas, las primeras de muchas que contarían con la cooperación de los médicos cubanos. Terremotos como el de Chile y Haití en el 2010, enfermedades como la del ébola en África Occidental y ahora la terrible Covid 19 que ha minado la vida de millones de seres humanos en el mundo, han tenido la ayuda de médicos cubanos.

La brigada en su actuar en tiempos de coronavirus ha viajado a decenas de países, entre ellos Italia, El Principado de Andorra en España, Azerbaiyán y Perú, donde se encuentra Mario con sus compañeros. “Ha sido la oportunidad de aportar algo hermoso, de sentirme útil, de representar a la salud pública cubana y poner en alto el nombre de la patria. Ha sido experiencia y gloria”, afirma el médico internacionalista.

Para Almeida pertenecer a la Brigada ha sido la oportunidad de representar a la salud pública cubana. Foto: Cubahora

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Quizás las lecciones de una misión médica sean similares para todos, y es que ¿quién no es transformado al encontrarse con situaciones tan difíciles y saber que en sus manos se encuentra el destino de tantos?

“Soy un hombre afortunado, soy mejor persona y mejor médico, creo que soy mejor ser humano. He podido aprender cada día de muchas personas y de muchas maneras.  El mismo nunca seré, ver la cara de la muerte tantas veces te transforma. No solo yo cambiaré, la humanidad cambió con esta pandemia. A partir de ahora seremos diferentes todos, valoraremos más la vida”.

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