Christian Eriksen se ha convertido en trending topic desde que el pasado fin de semana se desplomara en plena cancha de fútbol cuando su selección, Dinamarca, enfrentaba Finlandia.

La reacción de sus compañeros de campo no solo conmocionó doblemente al mundo, sino que catalizó las manifestaciones de solidaridad que, de acuerdo con el estelar futbolista –ahora mismo calificado de estable–, han llegado de todas partes.

Mientras permanece en la incertidumbre por qué el danés sufrió el paro cardíaco que lo condenase a la muerte clínica por unos segundos, otros «demonios colaterales» saltaron al terreno.


El jugador cayó al suelo en el minuto 43, lo que implicaba prácticamente medio juego por desandar. ¿Qué se haría? ¿Suspensión total del partido? ¿Por minutos? ¿Horas? ¿Días?

En una comparecencia ante BBC Radio, el emblemático portero danés –y padre del actual guardameta–, Peter Schmeichler, denunció que la UEFA había amenazado a los jugadores con dar el partido por perdido 3-0, bajo el concepto de default.

«Fue totalmente ridículo que UEFA haya optado por una solución como esta. Pasó algo terrible y la UEFA le dio la opción a los jugadores de jugar los últimos 55 minutos o volver a las 12 de la mañana del domingo, ¿Qué clase de opción es esa?», dijo públicamente Schmeichler.

El exjugador alegó que una situación tan compleja afecta emocionalmente a los jugadores, quienes ni siquiera habrían podido descansar bien ante tanta presión.

La decisión de la UEFA, insistió, es ridícula «y deberían haber intentando trabajar en un escenario diferente y mostrar un poco de compasión. No lo hicieron».

«A petición de los jugadores de ambos equipos, la UEFA ha acordado reiniciar el partido entre Dinamarca y Finlandia esta noche a las 20:30. Se jugarán los últimos cuatro minutos de la primera mitad, luego habrá un descanso de 5 minutos en el medio tiempo seguido de la segunda mitad», anunció la UEFA en su cuenta oficial de Twitter, en medio de la tensa situación.

En una narración minuto a minuto del partido, el diario Marca propuso una encuesta para conocer el estado de opinión de los aficionados. De un total de 101 671 votos, el 58 % aprobó la decisión de la UEFA, mientras el 42% se opuso.

«Más allá de que no parece tener mucho sentido reanudar el encuentro, que se vaya a hacer no deja de ser una gran señal puesto que imaginamos que los jugadores no volverían al campo de no tener garantías de la notable mejoría del futbolista en el hospital», señaló la publicación deportiva en uno de sus mensajes.

Siguiendo el hilo minuto a minuto de Marca, puede apreciarse, en efecto, el deterioro anímico de los jugadores daneses.

«Volvemos al fútbol. No es que haya muchas ganas, pero toca comentar lo que sucede de nuevo sobre el terreno de juego» (Marca).

En el minuto 60 llegaba el gol de Finlandia. En el minuto 65, Marca reseñaba: «Centro cruzado que hace suyo Hradecky. La falta de ideas de Dinamarca en ataque es alarmante».

En el minuto 74, Dinamarca falla un penal…

En el 77, Marca: «Definitivamente no es la noche de Dinamarca. Un día en el que le ha pasado de todo».

El post resumen, sintetizaba: «En una noche marcada por el enorme susto de Christian Eriksen, Finlandia hizo historia en su primera Eurocopa. Aprovechó una noche rara, un partido que pasará a la historia por otros motivos […] Lo hizo con un gol de Pohjanpalo ante una Dinamarca anestesiada por el drama vivido con su futbolista en la primera mitad.


Tras las acusaciones, la UEFA ha insistido en que se respetó constantemente la postura de los futbolistas y que fueron estos, precisamente, los que decidieron volver al terreno de juego.

Según reporta RTVE, este lunes el meta Kasper Schmeichel comentó que «la situación exigía que alguien más arriba dijera que no era el momento de tomar una decisión […] Nos pusieron en una posición en la que siento que no deberían habernos puesto».

Casper Hjulmand, seleccionador danés, señaló que la decisión de volver al campo a jugar contra Finlandia fue un error porque los jugadores estaban en shock. También Peter Moller, responsable de selecciones de la Federación Danesa, dijo que no fue correcto, «aunque aseguró que no recibieron ninguna presión de la UEFA», señala la propia RTVE.

Como quiera que se vea, llegan una serie de interrogantes:

¿Pulsaron más el mercado y la filosofía del «show must go on»? ¿Se sigue viendo a los atletas, tanto desde la afición como desde las organizaciones internacionales del deporte, como meras fichas del entretenimiento, «gladiadores» del coliseo? ¿Acaso no era evidente y previsible la desventaja con la que Dinamarca regresaba al campo? ¿Debieron asumir los jugadores una postura más fuerte in situ? ¿Les correspondía solo a ellos? ¿De verdad ganó el fútbol?