Aquí el que no tiene de congo tiene de carabalí, es una frase del argot popular que en numerosas ocasiones hemos escuchado en referencia a esa mezcla racial existente en Cuba, y que Don Fernando Ortiz definió como un ajiaco.

Muchos son los aspectos a tener en cuenta cuando de color de piel se trata, y es un tema en el que toca hilar fino, por su complejidad y delgada divergencia entre los términos que rodean esta temática. En especial porque la raza, lejos de valorarse por lo estrictamente biológico, posee una connotación sociocultural.

El mes pasado el mundo celebró el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, durante esta jornada los países hicieron gala de cuanto han avanzado, o no, en este flagelo; cuya resolución resulta multifactorial y de trabajo continuo.

En el caso específico de Cuba, la constitución en 2019 del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, además de un grupo de acciones que tienen como objetivo enfrentar prejuicios y actitudes discriminatorias, constituyen expresión del valor que otorga el gobierno a la justicia y equidad; sin embargo como todo proyecto social, es aun perfectible y quedan mucho camino para su total y eficiente implementación.

Independientemente de que en nuestro país no se profesa el racismo institucional, aun subyacen en la subjetividad individual y familiar vestigios de este fenómeno social que para algunos se vuelve más o menos evidente, dependiendo desde el punto de vista que se observe.

Cuba es un país con un elevado nivel de mestizaje en la población. De acuerdo con un informe de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), la estructura por color de la piel es la siguiente: blanca (64.1%), mulata (26.6 %) y negra (9.3 %).

El neo-racismo

La bibliografía con respecto a este tema apunta que desde finales del siglo XX surgió a nivel mundial una tendencia bautizada como «neo-racismo» un fenómeno que integra gestos, frases, chistes, críticas y comentarios devaluadores de la condición racial (negra) de personas, grupos, proyectos, obras o instituciones.

«No se trata de simples gestos u opiniones personales marcadas por el prejuicio racial, sino de conductas que ejercen tal prejuicio sin miramientos y se producen hoy en espacios públicos institucionales o no –incluyendo los medios de difusión y la publicidad-y que resultan lesivas y humillantes», explica el autor Roberto Zurbano Torres, un cubano que se ha dedicado a escribir sobre las problemática racial en el país.

Teniendo en cuenta las características de esta tendencia resulta valido preguntarse: ¿Existe neo-racismo en Cuba? En nuestro país, más allá de las manifestaciones descritas en el concepto, podemos observarlo en cosas tan diarias, como por ejemplo, las incomprensiones de padres y madres de cualquier color de piel en cuanto a relaciones amorosas o sexuales interraciales de sus hijos; o en el abordaje de la criminalidad y la marginalidad desde posiciones prejuiciosas.

De acuerdo con un estudio de la Universidad, publicado en 2019 y titulado «Políticas para la equidad racial. Retos en el contexto cubano actual» en el territorio nacional subsisten formas de racismo, y los modos en que se manifiestan se centran, en orden de prevalencia, en la ausencia de las personas negras o mestizas en los principales medios de difusión, fundamentalmente la televisión, y en instituciones como el turismo; el tratamiento estereotipado en varias manifestaciones artísticas y en comentarios inapropiados que denigran socialmente a las personas negras.

Ante esta situación salta otra interrogante ¿quiénes son los nuevos racistas? Pues según Zurbano Torres suelen ser personas blancas, pero también mestizos –y en menor medida, negros- que asumen posiciones ideológicas y culturales marcadas por un núcleo prepotente y prejuicioso, privilegiado social o económicamente por algún tipo de poder o legitimaciones simbólicas del mismo.

¿Soluciones?

Como ventaja tenemos que el fenómeno no se vuelve tan caótico en nuestra Isla, como en otros países donde son comunes los crímenes de odio y las organizaciones de supremacistas blancos, que en muchos casos reciben apoyo  gubernamental.

Sin embrago hoy resulta vital entender el racismo como una problemática actual, independientemente de que ya no sea institucional, aún le queda  a nuestro gobierno – que tanto ha hecho en este tema –plantearse políticas que vallan más al origen cultural y social del problema.

Toca desde los medios de comunicación tratar de manera suficiente y consiente el asunto; resaltar esa amplía y rica cultura que nos legaron los descendientes africanos, pero que hay que contraponer también con una herencia de pensamientos colonialistas.

Desde nuestras escuelas se debe fortalecer el trabajo para abordar, sin prejuicios, esta práctica y trabajar en función de una igualdad racial, asimismo resultaría satisfactorio pensar en espacios institucionales para el debate y el desarrollo de una conciencia anti-discriminatoria. En los centros de estudios promover una mayor cantidad investigaciones sobre racialidad en la Cuba actual, que enfaticen en la complejidad de esta.

Estas son acciones que estarían en sintonía con el objetivo del gobierno cubano de eliminar totalmente cualquier manifestación de racismo en el país y que podrían llevar a mejor término el Proyecto Económico y Social de esta isla mestiza.