La violencia posee muchas manifestaciones a las que nos exponemos en la vida cotidiana, aun sin darnos cuenta de ello, pues vivimos en una sociedad fundamentalmente patriarcal, donde estos conceptos se desconocen. La violencia de género es uno de los temas más polémicos en la actualidad. Su consciencia y reconocimiento como fenómeno social negativo resulta necesario e inminente.

La publicidad, programas y artículos sobre el tema en los medios de comunicación es considerable pero no suficiente. Existe un elevado número de personas que sufren diversos tipos de violencia a diario, sin embargo, permanecen en un estado de negación respecto a esto. Dicho comportamiento responde a ciertos cánones de sumisión, obediencia y silencio.

En Cuba es común la ocurrencia de casos de violencia de género ignorados.

Este patrón social desde sus versiones física, psicológica, simbólica e institucional impacta para mal en el bienestar de cualquier persona o grupo sobre la base de su orientación sexual, identidad, sexo y género. No debe confundirse este término con violencia contra la mujer, otro asunto que genera bastante debate en estos momentos, pero más restrictivo en su alcance. No obstante, las estadísticas demuestran que las mujeres y los niños son los sectores de mayor vulnerabilidad.

Un punto y aparte en casos de violencia


A pesar de todos los avances en este sentido, las personas de la comunidad LGBTIQ+ son de las más afectadas por la violencia de género.

Se han realizado grandes avances en nuestro país en pos de la inclusión y el respeto a todos por igual, lo cual no elimina la naturalidad persistente en cuanto a discriminación por orientación sexual. Particularmente las mujeres que tienen hijos y mantienen una relación homosexual, resaltan como diana segura en la sociedad cubana. No se ha determinado todavía una ley que proteja los derechos de las féminas en este sentido y, en reiteradas ocasiones, son víctimas de violencia verbal, patrimonial, física, económica o psicológica.


Numerosas instituciones en la Isla abogan por los derechos de la mujer y en contra de la violencia de género.

Es de carácter imprescindible encontrar vías para frenar este impulso y agradecer a quienes, como garantes del orden público, se encargan de la protección ciudadana sin importar su orientación sexual. Del mismo modo, se debe poner coto a otros individuos con poder que, desde su influencia, encubren los actos violentos y suman nuevas víctimas de manera constante.


El abuso de poder, la intimidación y la discriminación son algunos de los elementos que encubren los casos de violencia de género en Cuba.

Con una verdadera consciencia social, sin cinismo e hipocresía, ha de lograrse el respeto a los derechos y la dignidad humana. Cada uno ocupa un lugar en la estructura social. Los intentos de abuso de poder e intimidación a cualquier ciudadano que se encuentre en una situación vulnerable deben frenarse. Encubrir actos de este tipo es un hecho de complicidad contra la integridad de los afectados y podría penarse por la ley. La violencia solo engendra violencia, denigra y convierte en un espacio degenerativo a la sociedad que lo permite.