Desorden. Apuro. “Hasta prontos” por doquier. Apenas es 23 de marzo, los estudiantes salen de las aulas, quizá sin saber cuánto se prolongará el reencuentro. Los profesores buscan nuevas maneras de evaluar, de comunicarse, de mantener el contacto aun en el confinamiento. No se sabe con exactitud a quién o a quiénes se les ocurrió usarla como vía de intercambio, pero ya está en funciones. Hey there! We are using WhatsApp. (¡Hola! Estamos usando WhatsApp).

Estar conectado o intercomunicado: ¿esa es la cuestión?

Maestros y alumnos fuimos, quizá por primera vez, completamente ignorantes ante algo. Quienes hemos presenciado la situación sanitaria actual vivimos por vez primera un suceso de esta envergadura que nos ha obligado a aprender nuevas formas de vida, conocer de la enfermedad e informarnos constantemente. Salir de las aulas y de los libros, ya sabemos, no es sinónimo de dejar de estudiar, menos aún en tiempos de COVID-19.

Hace casi un año atrás se planteaba una disyuntiva desde las escuelas: ¿cómo mantener una vida estudiantil activa y preservar la salud con las medidas de confinamiento establecidas? Entonces, las posibilidades brindadas por la aplicación móvil de mensajería instantánea WhatsApp, la hicieron una de las opciones más factibles y aceptadas por educadores y educandos.

imagen tomada de The Washington Post

La restringida salida del hogar no puede constituir una excusa para evadir la entrega de trabajos o no participar en las actividades escolares. WhatsApp permite estar presente en clase desde la seguridad de la casa, a la vez que mantiene la comunicación entre compañeros y profesores a pesar de la lejanía.

Una mayor estancia hogareña es sinónimo de mayores obligaciones, nuevas rutinas, nuevos horarios. Si la escuela no está abierta significa que tampoco puede cerrar; en este sentido, las aclaraciones, bibliografía y material lectivo, en general, estarán ahí para cuando el estudiante pueda necesitarlos. Esta cualidad se llama atemporalidad y le ha salvado la campana a más de uno.

Y tan importante es poder verificar contenidos a cualquier hora como desde distintos lugares. Aquellos que tuvieron la necesidad de regresar a sus provincias de residencia, lejos de sus centros de estudios, no hubieran podido estar al corriente de los acontecimientos con tanta facilidad de no ser online y por esta aplicación de mensajería.

Sin embargo, estamos en Cuba y, aunque el país ha dado algunos pasos en cuanto a lo que a conectividad se refiere, aún queda mucho por hacer. No pocos obstáculos debieron sortear quienes no podían acceder a WhatsApp para comunicarse en un escenario escolar que pocas veces se detuvo.

Juventud Rebelde del 17 de abril de 2020

De WhatsApp, datos, megas y otros demonios…

Llamados en un primer momento a mantener la comunicación con sus profesores, los estudiantes crearon grupos en redes de mensajería como Telegram y WhatsApp. Estas necesitan instalarse en un dispositivo celular inteligente, a través del cual también se logra buscar información y compartirla; suelen ser de fácil manejo y permiten el acceso a Internet, entre otras ventajas para estudiar.

¿Dónde radica el problema entonces? En el caso de los escolares cubanos no siempre poseen celulares, y esto también ocurre con los profesores. En caso de tenerlo, no siempre ostenta la facilidad de los datos móviles, vía general de conexión para los usuarios de este país antillano. Aun suponiendo que estas condiciones estén creadas, quedan fuera aquellos cuya destreza con la tecnología no es muy eficiente. Con mucho optimismo se puede pensar que estos inconvenientes son solucionables, pero no son los únicos.

Si muchas de las personas que no utilizaban WhatsApp, vinculadas al sector académico, hoy lo emplean, es por acceder a una experiencia mucho más actual, económica –respecto a los SMS- y ventajosa por la variedad de formatos que presenta en su servicio. Sin embargo, a la vez, surgen quejas por el precio de los paquetes de datos y su durabilidad.

En más de una familia las finanzas han sido estragadas por la constante compra de paquetes de datos móviles para gestionar actividades escolares. Mas no sucede así solo con los estudiantes. ¡OJO! Los profesores no cobraron en el mes de septiembre, es decir, que la conectividad para descargar tesis y revisar exámenes de fin de curso, mayormente enviados por estas fechas, fue autofinanciada.

imagen tomada de Alma Mater

También con relación a los maestros, es necesario resaltar el arduo trabajo realizado por ellos en este período. Tener una extensión del aula en el móvil exigió un mayor esmero en el uso de sus aplicaciones de mensajería, el envío constante de materiales docentes y, por medio de un chat, seguir con sus procesos de formación académica. De la misma manera, debieron sentar las pautas de disciplina dentro de los grupos de WhatsApp para hacer posible una educación online.

Por otra parte, los estudiantes no estuvieron libres de exigencias. Con la necesidad de adaptar horarios en la casa llegó también la de ordenar prioridades, crear una forma de vida en la que hubiera mayor disponibilidad de tiempo para consultar los chats escolares y poner mucho empeño y concentración para enfrentar la distracciones de la estancia hogareña.

Ciertamente son tiempos de tener mucho cuidado. Si por algún desfavorable incidente se borraran los mensajes y la bibliografía de los teléfonos celulares es como si se perdiera un curso escolar completo. Más atención requiere informarse e informar, pues es imprescindible no divulgar noticias cuya fuente no es precisa o es poco confiable, y ese es uno de los retos de este período.

Si bien los ministerios de educación en Cuba dispusieron como alternativa para mantener el fluido académico el correo electrónico y la telefonía fija, WhatsApp fue la vía más utilizada por estudiantes y profesores. Aun en las edades más tempranas, fueron los padres los encargados de la inserción de los alumnos desde casa en este sistema.

A pesar de las dificultades, a través de esta aplicación se terminaron cursos, carreras, fueron preparados estudiantes para las pruebas de ingreso a la educación superior, las tesis llegaron a tutores y tribunales, grupos de estudiantes se unieron aún más y creció la compenetración entre alumnos y maestros. Estas historias de chats, estados y grupos han prevalecido más allá del confinamiento y es casi innegable que, en las nuevas formas presenciales y semipresenciales de estudio, serán mantenidas.


Próximamente en WhatsApp (2021)

-Inserción de anuncios internos y firma de nuevas políticas de uso el 8 de febrero.

-Modo vacaciones para reposar de grupos muy proactivos y chats no deseados.

-Posibilidad de utilizar al unísono una misma cuenta en cuatro dispositivos.

-Opción de autodestruir archivos de imágenes, vídeos y GIFTs una vez vistos por el usuario.

-Oportunidad de ir de compras desde la aplicación.

-Ampliación de hasta ocho personas en una videollamada en la versión para smartphone y escritorio.