…Y no todo es perfecto

A través de una impresionante fotografía y desde una propuesta atrevida, su director, Sebastián Miló apunta hacia una certera crítica a estas instituciones, las cuales mostraban “oídos sordos” ante las situaciones de bullying, el abuso estudiantil, y solo se centraban en tener en sus murales el diploma de “vanguardia nacional”. La quimérica visión de que “todo es perfecto”.

Por medio de contundentes escenas como cuando Héctor Medina sale en defensa de Randy, Tony Alonso (objeto de bullying, por ser un muchacho retraído, callado, introvertido) ante sus agresores, o cuando comienza la historia y se perciben los maltratos en el baño, Camionero refleja el dolor, esa sensación de impotencia sentida por todos los Randys que encontramos en las becas, quienes callan su pena y muchas veces terminan como el de esta historia o en un centro de rehabilitación mental por intento de suicidio.

Asimismo, secuencias de escenas como las de la carretera, las entradas del pase, los trabajos en el campo, los constantes maltratos a los cuales Randy es sometido, la repetición de esa tragedia escolar, refuerzan la tesis de cómo los directivos y profesorado de los IPUEC no ven, o más bien, no quieren ver lo que sucede a su alrededor y permanecen estáticos, ajenos al bullying.

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Evidentes resultan los grandes puntos de giro: el primero, cuando Héctor Medina comienza a contar la historia de la situación de violencia en su preuniversitario. El otro, se percibe cuando Héctor Medina se levanta de su estatismo y defiende a Randy de los abusadores; ello marca un viraje en la historia y desencadena sucesos posteriores.

La cámara capta con gran maestría la burla, la risa cruel, la pesadumbre, el abatimiento, la furia de los personajes de este corto. Permite recorrer las becas, encontrar los escondrijos donde los profesores dejan su ética, mostrar planos secuencia del IPUEC; para ello se auxilia, en ocasiones, de los sonidos ambiente que dan al traste con lo expuesto.

De igual forma, la música se funde armoniosamente a la dramaturgia del corto; unas veces lenta, y otras más agitada, matiza los diversos acontecimientos que se suceden en un breve período de duración.

Sin dudas Camionero se torna un corto de ficción pues presenta escenas irreales como cuando Héctor Medina asesina con una cuchara afilada a los estudiantes abusadores, sin embargo, se devela verosímil al plantear una problemática latente en nuestra realidad inmediata; el bullying existe y a diario muchos son sus víctimas, y se quedan en silencio a la espera de un milagro.

Puede que la propuesta de Sebastián Miló parezca una tragedia griega, pero encierra en cada imagen desgarradora la crítica certera y la búsqueda del cambio; tiempo es de verdades atrevidas.

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