Viejo

Yo me quedo a apagar el Morro

Salam Mouza

Ayer Cristina Escobar hizo un comentario de los que hacen pensar. Muchos conversamos de los que se van. Y eso duele. Uno siente preocupación cuando revisa los mensajes de WhatsApp y se encuentra el audio de un amigo que hace rato no ve. ¿Qué habrá pasado? Y te ves en la necesidad de preguntarle – ¿Dónde estás? -, antes de – ¿Cómo estás? -. Tropiezas en Revolico con personas que se anuncian como “coyotes” de confianza…. en fin…. Duele ver a los amigos y familiares marchar. Sufrir la distancia, porque “cada cubano que se va, es una cicatriz”.

Cristina apuntó bien al decir que el tema de Cuba y su emigración depende de la voluntad de varias partes. Muchos ven las limitaciones que se imponen a nuestros flujos migratorios como una responsabilidad del gobierno cubano. Pero es decisión de otros jefes de estado, como el Gobierno Nacional de Panamá, el facilitar o no esas gestiones.

Dicho esto, suscribo lo expuesto ayer en el comentario, sobre la prioridad que le da la Embajada de Estados Unidos en Cuba a tuitear y postear en Facebook sus preocupaciones sobre la situación de los cubanos, dejando de atender lo que realmente importa: la vida de quienes desean emigrar y los derechos de quienes reclaman a sus familiares que llevan años sin respuestas.

Si tanto quieren ayudar, ¿por qué se dilata el proceso de reapertura de servicios consulares? ¿Por qué se incumplen los acuerdos migratorios? ¿Por qué se fomenta el tráfico de personas con leyes que hacen peligrar la vida y la dignidad de los migrantes?

Es cierto que entre las causas que generan la emigración está la situación económica y las cosas mal hechas, que se critican, tanto en esquinas de barrios como en reuniones del presidente. Pero hay causas más profundas que debemos tener en cuenta y atender.

El cambio de mentalidad del que tanto se habla queda justamente ahí, en las palabras. Por miedos, por conveniencias, por desconocimiento, por cultura. La necesidad de una visión del futuro, de una vida probable, de una calidad de vida, todo eso está en el subtexto del comentario de ayer. Esas también son causas.

La aspiración a una mejor vida, para la cual trabajamos diariamente, en nada riñe con nuestros principios y nuestra visión de país. La prosperidad fue mentada como necesidad por quienes encabezaron la Revolución del 59, que, dicho sea de paso, se hizo para prosperar en todos los sentidos. Pero retomo una idea anterior: esto es casi imposible sin la “aprobación de los vecinos”.

Yo no quisiera ver más amigos partir, más familias separadas, más niños preguntando por padres que se marcharon. No quisiera ver más abuelos solos en las colas, porque tienen el dinero para vivir, pero no quien los acompañe. El pueblo cubano merece la felicidad que se le ha negado por generaciones desde que nos convertimos en la “anomalía” o “disidencia” del orden mundial.

No, no somos felices. No podemos ser felices así. Entre despedidas y carencias, no se puede. A pesar de eso, soy de los que, como dicen por ahí, se queda a “apagar el morro”.

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